Y se conocieron y se hablaron
Y hablaron de libros, de autores de libros, hablaron de niños, de niños que no tenían libros, de niños que teniéndolos no los querían. Y hablaron.
Y siguieron hablando y todos los días hablaban, sólo de niños, sólo de libros hasta que también de ellos hablaron.
Y cada día hablaban y lo hacían de sus ciudades, de sus países, de sus libros, de los que tenían, de los que querían y de sus autores.
Pasaron los días y los meses y hablaron, de sus vidas, de sus sueños. Hablaron de sus casas, de sus familias, de todo hablaron y así los días, los meses, los años pasaron.
Y ellos hablaban, de sus sueños, sus deseos y así pasaba el tiempo y ya no sólo hablaban, ya compartían y el conocimiento de sus deseos se convirtió en el deseo, no de los dos, de uno de ellos.
Y al conocer los sueños de uno, el otro quería esos sueños, al conocer los deseos uno quería cumplirlos y el otro esperaba.
Y pasaban los meses y uno seguía queriendo compartir con el otro, vivir, querer al otro y así abría el corazón, el otro recibía en la distancia lo que uno le daba, pero no correspondía y uno amaba y sufría y el otro ya no hablaba. Ya hablar no quería.
Y han pasado dos, tres años y uno sigue con el corazón lleno de amor, ciego de amor, herido por el amor y el otro espera, pero no da.
Y ya no hablan de libros, ni de niños que no conocen los libros ni de niños que ya no quieren los libros que sí conocen.
Ya de ellos no hablan, de nada ya hablan. Uno sueña con hablar, con dar, con escuchar, con recibir. Uno sueña con saber que el otro está, que es feliz, que no olvida del todo.
Y sigue queriendo hablar y, como hablar no puede, vive amando en silencio lo que conoció hablando.
Y ya no hablan y uno ama.
Y uno mira y se siente feliz al ver, al saber que el otro se muestra y se deja ver.
...Y ya no hablan.
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...Y ya no hablan |
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Las olas van... y vuelven |
En una roca
Él está mirando el ir y venir de las olas y nota cómo su espíritu se calma, cómo el vaivén de las olas ejerce un efecto sedante sobre él, y comienza a creer en la solución a sus problemas.
Sí, el mar era así, el mar hacía maravillas en su ánimo.
Siempre le gustó pasar largos ratos delante del mar y admirar el fuerte oleaje propio de este mar bravo y a veces enfurecido. Este mar que al bañar las rocas escarpadas que se enfrentaban a él formaba una costa tan impresionante e imponente. Una costa que se cobraba su tributo en los barcos que se quedaban atrapados entre la espuma de las olas que la bañaban y acababan naufragando.
Jesús siempre se había preguntado por qué en las enciclopedias se le llamaba "Costa Brava" a la costa que estaba bañada por un mar suave y calmado como un consomé en aquella zona de Cataluña que había conocido durante su periodo de reclutamiento militar, durante "la mili".
Sí, aún sonreía al recordar cuando en una ocasión, un compañero de quinta había venido a verlo con la familia y al pasear por esta costa, se había quedado cautivado por el ruido, por la bravura, por las fuerza de las olas con las que se presentaba este mar.

Jesús sabe que él es un sencillo labrador, un ex pescador, un hombre que fue del mar y es de la tierra, pero sabe también que su alma se transforma cuando después de minutos mirando al mar éste cumple con la misión de arrastrar en sus aguas la fuerza de sus problemas. De siempre éstos le habían parecido más leves, más llevaderos si su amigo el mar le ayudaba con la carga.
Jesús sonríe y se dice a sí mismo que realmente el mar ha cumplido con su misión, ya que está enredando con estos pensamientos y por un momento se ha olvidado de lo que le ha llevado a este lugar tan amado por él.
Jesús ha de pensar en cómo ayudar a su hijo a empezar a ser un hombre, a seguir para adelante, a encontrar algo de la paz que él siente ahora.
Su hijo, su hijo ya grande, ya un hombre por la edad, pero que aún parece que fuera a la escuela por la forma de comportarse.
Su madre siempre le disculpa, siempre dice que pronto cambiará, que ha tenido mala suerte, que.... Jesús sabe que no puede discutir esto con la mujer, la mujer es madre y siempre encontrará una justificación.
Su hijo, que ha empezado un montón de cosas y no había acabado ninguna. Su hijo, que dejó la universidad (la universidad, algo que él ni sabía qué era ni nunca la había nombrado hasta que su hijo mayor llegó a la edad de seguir estudiando o empezar a trabajar) Decidió seguir estudiando y fue a la universidad hasta que tuvo que empezar a estudiar. Luego lo dejó y comenzó a trabajar.
Jesús piensa en todas la veces que su hijo había empezado en un trabajo, tantas había empezado como había acabado.
Su hijo que no encuentra "su sitio", como dice él.
Jesús piensa en todo ésto mientras las olas siguen acariciando, en este momento sí parece que está acariciando, las rocas.
La marea está en retroceso y se lleva no sólo la fiereza del empuje del mar, se lleva también la inmensa tristeza que le produce pensar en su hijo, tan dejado, tan despreocupado, tan aprovechado, tan...
Jesús vuelve a su casa con la impresión de que alcanzará una solución al problema ahora que ha aceptado la evidencia de que su hijo no es el hijo que siempre había soñado.
Ahora Jesús sabe que no debe esperar que su hijo sea como él quiere que sea, ahora sabe que ha de ayudar a que su hijo sea una buena persona, a ser lo que quiera ser, lo que le haga feliz.

Jesús se vuelve y mirando al mar le da las gracias, nunca le ha fallado y siempre le ha dado la paz necesaria para afrontar los problemas.
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El Viaje |
...Y después de la celebración, el viaje.
Kilómetros y más kilómetros es lo que ha recorrido y ya no le quedan fuerzas para seguir huyendo cuando Carlos ve luces a lo lejos y se anima.
Decide acelerar al máximo con la esperanza de llegar pronto a lo que parece una pequeña población.
Siente renacer sus esperanzas y ya cree en la posibilidad de llegar antes de que sea demasiado tarde, a las luces que lo esperan no demasiado lejos.
Carlos lleva más de tres horas conduciendo con una tensión creciente desde que empezó el viaje, un viaje que ya desde el principio ha sido distinto a cualquier otro viaje.
Sigue viendo el coche. Ahora recuerda que le pareció extraño que yendo tan despacio, no lo adelantara cuando podía hacerlo, ni protestara por su lentitud cuando no se podía adelantar. Más tarde pensó que tal vez quien conducía el coche azulón, no, rojo, o verde, (no tiene claro de qué color es) que estaba tan pegado a él no conocía el camino y que por éso iba tan despacio.
También pensó que no era el único "lentillo" de la carretera, como lo llamaba en bromas su hijo.
Ahora ya sabía que no es que fuera despacio, que no es que fuera un lentillo, no es que no conociera el camino, no. Lo que estaba pasando es que lo seguía.
No sabe cuánto tiempo hace que se dio cuenta de que lo seguían. Ésto le hace sentir temor y se pone nervioso.
Cuando Carlos se dio cuenta de este hecho se asustó y pensó en parar y esperar a que lo adelantara.
Siguió conduciendo mientras miraba a ver si encontraba un lugar adecuado para desviarse y aparcar. Cuando ya lo iba a hacer, se le ocurrió pensar en que tal vez era exactamente lo que esperaba el conductor del coche, así que más asustado de lo que había estado nunca, decidió conducir algo más rápido y no parar hasta llegar a una gasolinera o cualquier otro espacio público y concurrido. Sí, aquéllas luces de colores serán su salvación.
Pero había comprobado que si él aceleraba, el otro conductor también lo hacía, que si él iba despacio, el otro también lo iba. En cuatro o cinco ocasiones había intentado reducir la velocidad al mínimo y lo único que había hecho el otro era reducirla igualmente.
Carlos estaba convencido de que si aceleraba lo suficiente el otro no le seguiría el ritmo. Si conseguía llegar a las luces, el otro se daría por vencido y se iría. Pero dónde se iría?
Quién era y, por qué lo estaba siguiendo?
Qué quería de él?
Él no era rico, no tenía poder, no conocía secretos, entonces, porqué lo seguían?
Tal vez lo habían confundido con ota persona. Sí, éso era lo que había pasado.
Ahora sólo tenía que hacerle ver al conductor que él era él y entonces dejaría de seguirlo.
Pero cómo lo conseguía sin parar, sin bajarse del coche?
Tenía que llegar hasta las luces. Sólo así estaría a salvo.
Mientras pensaba en ésto, Carlos aceleraba y aceleraba y no dejaba de ver el coche que iba justo detrás de él. Empezaba a preguntarse si no querría comerlo. Carlos soltó una estruendosa carcajada ante la idea de ser comido por por un coche.
Carlos era un conduztor pacífico, lento pero seguro. Nunca se había pasado del límite de velocidad, nunca había llegado tarde a entregar las mercancías que llevaba de una ciudad a otra. Carlos era un tipo tranquilo que alguna vez se fumaba un porro, pero nada más eh! Nada más.
Su profundo sentido de la responsabilidad no le permitía cometer excesos como los que algunas veces hacían sus colegas. No, claro que no. Él casi no tomaba nada.
No, él no bebía tanto como sus colegas, él sabía cuándo parar...
Siendo responsable como era, no entendía que alguien estuviera siguiéndole vete tú a saber con qué intenciones.
Seguramente que intentaba asustarlo y que cometiera algún error fátidico y así porder conseguir sus fines sin mamcharse las manos. Pero él era un gran profesional y no iba a seguirle el juego. Ya estaban cerca las luces y lo estaban esperando.
Carlos miraba por el espejo retrovisor y veía el coche casi pegado al él. Miraba hacia adelante y veía las luces.
Carlos pensaba en todo lo que le estaba sucediendo e intentaba conducir y no perder el control de la situación.
Empezaba a notar que estaba haciendo demasiadas cosas a la vez, él que era un conductor tranquilo y metódico.
Carlos miraba hacia delante y veía las luces. Las luces, ya estaban ahí las luces, era el momento de parar y de decirle al conductor del coche que estaba casi pegado a él, que él era él, no otra persona como seguramente pensaba.
Reduce la velocidad para acercarse a las lueces y tiene la sensación de que éstas se alejan.
No puede ser que esas luces tan bonitas se marchen. Seguro que al otro conductor también le gusten las luces.
Aún no ha llegado y ya sabe que está cerrada, y que allí no hay nadie ni vivo ni tal vez muerto.
No le importa, él va a utilizar todo su conocimimeto, toda su maestría como conductor y va a despistar a este tipo que se está pegando a él tanto que ya le parece que le huele y le nota el aliento.
No, Carlos no va a permitir que este tipo lo asuste.
Tal vez no tenga escapatoria, tal vez este hombre tenga un montón de armas, tal vez vaya a matarme, pero yo tomaré la iniciativa y acabaré con el. Caeremos juntos.
A mí no me asusta morir, a mí no me gana nadie con un volante en las manos. Yo soy un tipo muy responsable y sé que cuando se conduce no se ingieren determinadas sustancias.
Carlos apenas tiene tiempo para notar que se está debilitamdo, que está empapado de algo rojo y caliente. No sabe lo que es, podría ser gasolina si no fuera por el color. Tal vez el líquido de frenos que con el golpe del choque se ha derramado. Pero tampoco ésto es de color rojo. Definitivamente Carlos no sabe lo que le está mojando toda la ropa, pero no le importa; delante de él y entre otros varios coches destrozados por el impacto está el coche que lo seguió. Carlos se ríe, el tipo en cuestión no consiguió su propósito, él no se lo permitió.
Ahora ya está totalmente bañado el un cálido líquido de color rojo y el coche que lo acosaba yacía deshecho a su lado. Era más de lo que habría esperado. Carlos empieza a dormirse feliz, él es él y no otra persona como seguramente el tipo había pensado.

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La Espera |
Esteban se encuentra mal, da la vuelta en la cama e intenta volver a dormirse. También es mala suerte, víspera de festivo y estar toda la noche dando vueltas y tan enfermo.
Piensa que si no mejora tendrá que ir a urgencias y eso ya hace que casi no note que está malo.
Como mucha gente, Esteban le tiene pavor a los hospitales, piensa que son la antesala del infierno y él es un tipo decente que no tiene por que ir al infierno, ni siquiera al purgatorio.
Llegado a este punto de sus pensamientos, Esteban se pregunta si realmente existe el infierno, si él cree en el infierno. Se da cuenta de que siendo ateo como es, cuando está en apuros siempre recurre a invocaciones, amenazas o premios relacionados con la religión. Con una religión en la que él no cree. Debe de ser por costumbre, por costumbre o reminiscencias de la infancia.
Esteban vuelve a despertarse con dolor. No sabe cuánto tiempo ha dormido, pero han debido de ser un par de horas, pues nota que está más despejado,despejado y dolorido.
Se levanta y va al baño, luego decide tomarse una manzanilla, tal vez después se encuentre mejor.
Pero no mejora así que ya se ve en un hospital, y su cabeza ya empieza a darle vueltas a todo lo que ha oído que pasa en los hospitales.
Piensa que igual es mejor llamar a un médico y que venga a verlo a casa. Pero él a pesar de estar tan asustado, sabe que le duele el vientre demasiado para ser un simple dolor de tripa y que ha de ir al hospital.
Llega a la ventanilla de admisión y sacando su tarjeta médica se dirige al señor.
Esteban sabe que ese hombre nota lo asustado que está. Sabe que piensa que es un miedoso, que hombre hecho y derecho y con miedo como un niño al que le muestran una aguja. No le importa, se siente mal, desorientado y con mucho dolor.
Le da la tarjeta y espera, espera un momento, y es la primera espera de una serie de esperas.
-Vaya a la sala y espere a ser llamado.

Y, Esteban se sienta en una silla dura que está pensada para sentarse durante minutos, pero los minutos se convierten en algo más que minutos y cuando se da cuenta lleva más de una hora esperando. Como el dolor vuelve a ser intenso, se dirige de nuevo al la ventanilla.
-Señor, falta mucho para que me atiendan? tengo mucho dolor...
-Ya, todos tienen dolor, no se preocupe, ya le tocará.
-Gracias.
Y Esteban vuelve a la sala de espera. Ahora no hay donde sentarse así que se pasea para no estar quieto de pie mientras el dolor se hace cada vez más intenso.
De repente se queda parado: ha oído su nombre por un altavoz. No sabe lo que han dicho, sólo a captado su nombre así que espera a que lo repitan, pero siente que le invade pánico, piensa que igual no vuelven a llamarlo, que se tiene que quedar hasta el final de la lista, que se va a morir allí esperando.
Un gran alivio lo inunda cuando vuelve a oir su nombre y oye cómo le mandan entrar por la puerta 12.
La busca y allí se dirige. Comienza entonces un diálogo que le hace pensar que está viendo una película.
-Qué le pasa?
-Me duele aquí, en el bajo vientre (señala la ingle derecha)
-Desde cuándo le duele?
-Desde las 5 de la mañana, más o menos.
-Ha tenido ante este dolor?
-No, nunca.
-Viven sus padres?
-Sí...
-Tienen alguna enfermedad?
-No sé, supongo.
-No sabe? No conoce las enfermedades de sus padres?
-Pues, es que viven con mi hermana y aunque alguna vez han estado enfermos y yo voy a verlos, no sé muy bien de qué.
-Usted tiene alguna otra enfermedad?
-Ahora no.
-Antes?
-Antes cuándo, desde que nací?
-Bueno, no importa. Vaya para la sala de espera que le llamarán para hacer una radiografía.
Estaban, se siente tan mal que casi no nota que el miedo le está agarrotando hasta la mente.
Se va a la sala de espera y espera, espera tanto que está a punto de entrar en un estado de verdadero terror.
Ya se ve muriendo en aquella sala de sillas incómodas, llena de gente que sin que nadie le pregunte te cuenta lo enfermos que están, lo bien que saben ellos moverse por el hospital, la de veces que han estado allí y le dan consejos para colarse dentro de alguna consulta y así adelantar la vez.
Esteban quiere marcharse, quiere que alguien le de una pastilla para el dolor y marcharse a su casa. No le gustan los hospitales y este le parece horrible, grande, frío y horrible.
Tal vez debió llamar a Margarita para que lo acompañara, pero es que Margarita ya no es su novia, ya no lo quiere y no va a llamarla para decirle que está enfermo y que tiene miedo.
Si ésto le hubiera pasado hace un par de meses, todo sería distinto. Estaría allí Marga y él se dejaría guiar por ella.
Ella lo animaría, le diría que no se preocupara, que todo iba a salir bien.
Quería que estuviera allí, y pensando que era peor estar solo que olvidarse el orgullo, se dirigió a la salida para llamarla.
Ya fuera, mientras marcaba el número de teléfono, le pareció oir su nombre, pero ahora que ya se veía al lado de Marga, nada le importaba, Marga le ayudaría y toda esta gente no le haría nada.
Y lo acompañaría a sacar las radiografías y...
Claro, lo estaban llamando para éso!
Colgó el teléfono y se dirigió corriendo a la puerta 3, llegó cuando ya estaban cerrándola.
-Oiga, soy Esteban, me estaban llamando.
-Sí, bueno, pase ahí, desnúdese y espere, ahora ya llamé a otro paciente.
Entra en un cuarto tan pequeño que parece un armario de pasillo. Mientras se quita la camisa, se pregunta si también se quitará los pantalones. Va a llamar a la enfermera, pero le pareció que ya lo miraba enojada, así que decidió desnudarse del todo y así, en paños menores se sentó en una banqueta y esperó.
Desde el armario-alacena oía cómo los otros pacientes entraban en lo que imaginaba más armarios, cómo los mandaban respirar y no respirar, cómo les decían: "entren otra vez ahí y esperen a que les mandemos vestirse".
Esteban oía ésto y también oyó cómo la enfermera decía a alguien que se iba a tomar un café antes de terminar, que volvía pronto.
Se arrepintió de no haber llamado a Marga, pero ahora ya estaba desnudo y no era prudente vestirse y salir, pues podía ser que en ese momento lo llamaran y no debía de ser nada bueno hacer que llamen a uno dos veces. Así que ni pensar en volver a vestirse ni mucho menos salir.
A Esteban ya le empezaban a fallar los nervios. Ya casi no sabía porqué estaba allí, el dolor no cesaba, le dolía también la espalda de estar en aquél agujero, estaba helado pues llevaba más de dos horas desnudo. No sabía si gritar o salir, no razonaba, estaba lleno de miedo y quería salir, quería salir y marcharse.
Decide vestirse y salir, paro ahora ya no sabe qué puerta es la que lleva al pasillo, así que abre una y es la que comunica con la sala de rayos.
-Quién le ha llamado? Aún no hemos empezado. Salga y espere a que lo llamemos.
-Pero es que ya estoy cansado de esperar, me tengo que ir.
-Si quiere irse, váyas; si no, salga y espere a que lo llamemos.
-Enfermera, ya me habían llamado y me dijeron que me desnudar y esperara. Llevo más de dos horas ahí metido, quiero que me hagan las radiografías y quiero irme.
Ante ésto, la enfermera lo mira e incrédula le pregunta desde cuándo está en el cuarto desnudo.
-Llevo desde la 13:05, más o menos. Ya se me ha olvidado qué hora era.
La enfermera lo mira como quien mira a un bicho raro y haciendo gestos lo manda entrar otra vez en el cuarto y le dice que vuekva a desnudarse, que lo llamará enseguida..
Esteban ya se siente morir y esta vez es de verdad. Nota cómo algo en su vientre se retuerce y nota cómo todo le da vueltas, cómo el sudor empieza a mojar su camisa.
Aún así, se desnuda y se dispone a esperar.
Por fin le hacen las radiografías y le mandan otra vez para la sala de espera, con el aviso de que no se mueva, que el médico lo llamará en cualquier momento.
No lo sabe, pero las enfermeras, después de reírse un rato, pues se dieron cuenta de que lo habían olvidado, de que el turno de la mañana lo metió allí y allí lo dejó, se apiadaron de él y le llevaron en unos minutos las radiografías al médico para que lo llamara.
-
Y, así es cómo en un momento y cuando ya estaba a punto de desmayarse, Esteban entra otra vez en la consulta.
La doctora que está ahora le recrimina que esperara tanto en acudir, pues lo que tenía era grave y ahora podía ser tarde. Muy digna le dijo que podía ser demasiado tarde para él, que era un incosciente.
Le mandó slir y esperar a que lo llamarían cuando bajaran los cirujanos.
Ante esto, Esteban a punto de morirse, empezó a gritar y entró en un estado nervioso incapaz de controlarse.
La joven doctora le dijo que lo menos que podía hacer era callarse y prepararse para que lo llevaran al quirófano.
Quirófano...cirujanos... estas palabras casi le hielan la sangre, Esteban no va a ir a un quirófano, sólo quiere una pastilla para el dolor de vientre y marcharse a su casa.
Se arma de valor y le dice a la médico:
- Mire, yo sólo quiero algo para aliviar el dolor.
- Usted señor va a entrar ahí, se va a desnudar y va a esperar a que lo vengan a buscar: tiene que ser operado de urgencia.
Esteban ya no oyó ni al mitad de lo que le dijo, el "va a entrar ahí y se va a desnudar" le ocupó todo el espacio cerebral.
Cuando le dijo que tenía que esperar, que vendrían a buscarlo, ya estaba entrando en estado de Shock.
La tensión de lo vivido y el pánico de lo que le quedaba por vivir en el hospital, hizo que ya no pudiera controlarse y por fín se desmayó.
La médico que era bastante joven, ante el temor de que fuera una parada cardiaca, lo mandó meter en la unidad de críticos.
Una vez allí, se juntó todo el personal, médicos varios, enfermeras, auxiliares, celadores, todos alrededor de Esteban, que en un momento recobró el conocimiento y al verse así, rodeado de gente aque hablan a la vez, de cables que estaban metidos en su cuerpo, de máquias que pitaban ,pantallas que parpadeaban... en vista de todo ésto, volvió a desmayarse y en este momento, ya casi se muere de verdad al creer que se había muerto.
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De Hooligans y Otros |

Hoy, escuchando las noticias, he oído una que me ha dado que pensar.
Ya sabéis que me gusta el fútbol, el tenis, el baloncesto, el... bueno, casi todos los deportes que se puedan ver desde la silla.
Pues lo dicho; que me gustan los deportes y por éso suelo escuchar las noticias deportivas.
En una cadena de radio, oí que la federación inglesa de fútbol "vetaba" el estadio Santiago Bernabéu para jugar un partido en Febrero.
Alegaban los inglesitos que era porque hace cuatro (4) años en otro partido, habían oído expresiones racistas.
Recuerdo este partido y es verdad que unos pocos (siempre son unos pocos, aunque sigan siendo demasiados) energúmenos gritaban insultos de tinte racista (¿?) hacia algunos jugadores de la Inglesa.
También es cierto que parte de culpa tuvieron algunos endiosados, prepotentes y figurillas de la selección inglesa, que con su actitud más bien poco deportiva habían provocado a los cuatro exaltados.
Bueno, pues por éso es por lo que la federación inglesa quiere "vetar" el Bernabéu.
Y, digo yo: si son ellos, los ingleses, los que han solicitado la oportunidad de que nuestra selección juegue el partido amistoso, si es la nuestra la que le hace el favor, quiénes son ellos para imponer, más bien tratar de imponer, dónde se va a jugar, o dónde NO se va a jugar dicho partido?
Y, digo yo: no somos nosotros,los buenos? No es nuestra selección, la campeona de Europa? No es la inglesa la peor, que ni siquiera llegó a clasificarse para jugar el campeonato europeo?
Pues entonces los ingleses que se busquen otras selecciones de su nivel para entrenar. Nosotros somos los grandes, los vencedores, LOS CAMPEONES.
Voto por una negativa por parte de nuestra federación a aceptar imposiciones incomprensibles por parte de una federación que hoy por hoy, representa a una selección inferior a la nuestra.
Voto por un NO a una petición absurda, que exhibe argumentos ya olvidados por el paso del tiempo.
Voto por decirle NO a una federación que pretende hacer olvidar los animales que suelen ser sus seguidores, los tristemente famosos HOOLIGANS y otros, recordando lo brutos que fueron un día algunos de los nuestros.

Imágenes como esta, las hay por miles y son de los Hooligans, seguidores mayoritarios del fútbol inglés.
Los aficionados españoles NO son por definición racistas, pero cuando lo son, han de ser castigados, pero lo han de ser por las autoridades competentes, no por una federación que ahora mismo se sabe federación con una no demasiado brillante selección.
No será que se saben "invadidos" por nuestras estrellas?
Un HURRA por nuestra selección y otro por los buenos aficionados.
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Volver a casa |
Y...Es domingo
Carlos y Encarna llegan en casa.
Han recorrido los últimos kilómetros en absoluto silencio. Como todos los domingos cada uno, en compañía de sus propios pensamientos.
Carlos piensa que no es justo que la vieja esté allí, se la ve sola, triste.
Piensa que él no terminará nunca en un sitio así: Me quedaré en casa de alguno de mis hijos
Encarna tiene parecidos pensamientos: Nunca debí permitir que la ingresaran, nunca.
Cada domingo hacen lo mismo. Cada viaje de vuelta es igual al anterior. Está lleno de silencios, de pena y de sentimiento de culpa.
A Encarna se le encoge el corazón cada vez que al llegar, antes de entrar, la ve por las cristaleras. Ve cómo ella está atenta a la puerta, cómo su cara refleja angustia, temor de que no vayan a verla, de que la olviden allí.
Siente que se muere un poco cada tarde de domingo al ver cómo después de estar en tensión mirando la puerta, ella se relaja y su cara es la viva imagen del agradecimiento.
Se siente terriblemente culpable por recibir agradecimiento cuando lo que tenía que hacer es estar a su lado como ella había estado no sólo a su lado, si no también al lado de los niños.
Encarna entra y le da dos besos, que aunque parecen simples besos de saludo, son besos llenos de amor, llenos de muda súplica de ser perdonada.
A Manuela no le gusta estar allí en compañía de otros viejos que le recuerdan lo que ella es; un trasto viejo que no tiene cabida en ningún otro lugar. Quisiera estar en su casa. Quisiera estar ahora donde había estado toda su vida y no tener que hacer tantos esfuerzos para recordar los sitios. Las caras de los compañeros, de los cuidadores no le dicen nada.
Quisiera que cuando le toque morir pudiera hacerlo en el mismo sitio que nació, en el mismo sitio que vivió.
Manuela quiere estar con sus nietos,contarles cuentos, los cuentos que ya se le están olvidando, enseñarles a vivir contándoles lo que ella vivió, enseñándoles a ser felices.
Éso es lo que ella quiere.
Éso es lo que Manuela piensa cada domingo por la tarde mientras los espera.
Manuela intenta ser de utilidad para con los más necesitados, con los que tienen más mermadas que ella sus facultades.
Se ha impuesto al "obligación" de cuidar a los más viejos, para poder sentirse útil, para que el tiempo no se detenga, para sentír que aún vive.
Hoy como cada domingo, se ha esmerado, se ha puesto guapa y después de ayudar a su compañera a sentarse en la terraza al sol, ha bajado al recibidor.
No puede evitar quedarse durante todo el tiempo pendiente de la puerta, sintiendo no miedo, si no pánico si se retrasan en llegar para estar unas horas con ella.
Ella los comprende, no los culpa por dejarla allí, al fín y al cabo, no es más que un trasto viejo que sólo sirve para estar con otros trastos viejos. Los comprende, pero quisiera estar en casa con ellos, en la que durante toda su vida fue su casa, la casa de todos.
La tarde ha pasado y es hora de volver a la ciudad. Ya le ha contado todas las pequeñas cosas que ocurren cada día en la casa, en el barrio.
Le promete como cada tarde de domingo que el próximo volverá, que vendrá con sus hijos, y Manuela sabe que le queda otra semana para volver a estar con los suyos, y que esta vez van a venir los niños.
Desde este minmo instante, Manuela empieza a contar los días que faltan para que vuelva a ser domingo.
Encarna se pregunta una y otra vez, porqué acepté ingresarla, porqué?
Enumera las causas, los motivos con los que se justificó, para hacerlo y le parecen unas veces valadíes, otras causas justificadas.
Es cierto que la casa es pequeña, que no hay espacio para hacerle una habitación.
Es cierto que los horarios de ambos, el ritmo de vida, no son lo más adecuado para tener una persona mayor.
Es cierto que los chicos necesitan "su" espacio...
Pero no lo es también que ella les dedicó la vida?, que ella supo adaptar su vida, su espacio, su horario a ellos?
Se puede justificar de alguna manera el dejarla allí para que pase los últimos años de su vida? Tal vez se justifique ante la sociedad, pero nunca conseguirá justificarse ante sí misma, convencer a su corazón para que no se rompa un poquito cada tarde de domingo.
La tarde llega a su fin, la visita ha terminado y Manuela se queda a solas. Al igual que su hija, ella también se queda con sus pensamientos.
Ha grabado en su mente cada palabra de la conversación, cada gesto de su hija. Cada tarde observa la ropa que viste, las joyas que trae. Todo lo retiene y pensando en todo se recrea durante la semana.
Retiene el mayos número de cosas para así paliar un poco el vacío que van dejando en su mente las cosas olvidadas.
Manuela lucha contra el olvido. En su lucha contra él, sueña en volver a casa con la esperanza de que el contacto con los objetos habituales reavive sus recuedos.
Nota cómo éstos se empiezan a dilúir, cómo cada vez es más grande la zona oscura que poco a poco se va instalando en su cabeza.
Necesita volver a su vida, oír los sonidos de su existencia anterior para poder vivir su vida actual.
Manuela lucha por retener con ella a sus recuerdos, pues la vida sin recuerdos ya no es vida...
y...volverá el domingo
El próximo domingo por la tarde, cuando estén sus nietos, ella les dirá a todos que se quiere volver a casa. Sí, éso hará; se irá para casa, si no puede en cuerpo, se irá en espíritu.
