Hoy ha sido un gran día. Un día lleno de pequeñas vivencias que me han hecho sentir llena de paz y felicidad.
8am:
Toca estirarse, ver qué tal mañana se presenta y tomar un té mientras ojeo el periódico y el correo (electrónicos, claro).

9am:
Nos dirigimos a Guitiriz, villa coruñesa a unos 50 km. que hasta hace algunos años era de paso obligado cuando se salía de Galicia hacia cualquier parte, pero que ahora sólo la visitas si te lo propones, y nosotras nos lo propusimos. Una vez allí, un café en el bar de la plaza y nos vamos a un lugar precioso, del que había oído hablar, pero que no conocía. Aparcamos el coche y como no podía ser de otra manera, no pusimos a caminar.
Caminamos sin prisas, admirando y disfrutando del paisaje, oyendo el ruido de las pequeñas cascadas de que se forman a lo largo del recorrido del río. También se oía el graznido de unos pájaros negros y grandes que resultaban bastante impresionantes.
Como dice el nombre de la ruta, caminamos siguiendo la orilla del río hasta que vimos los siete molinos, no están muy bien conservados, pero el entorno, el paisaje, el silencio y los sonidos, son espectaculares.
Tanto a la ida que me paraba cada metro para verlo y fotografiarlo todo, como a la vuelta, que ya lo miraba y admiraba sin tanta parada, me parecia estar paseando por un lugar lleno de magia.

12am
De vuelta al coche, y tras tomar un refresco y unas tapas típicas del lugar (zorza con patatas), nos vamos a visitar un monasterio cisterciense que está a 20 km, en Sobrado dos Monxes: Mº Sta María de Sobrado. Es este pueblo muy pequeño y muy bien cuidado, con hermosas casas de grande ventanales con pequeñas cristaleras parecidas a las de La Marina, en Coruña. No tuvimos mucha suerte; estaba cerrado al público hasta dos horas más tarde y además, algo que me causó una gran sorpresa, en la explanada del monasterio, vivían en sus caravanas y furgonetas unas familias de etnia gitana, la verdad es que no me pareció el lugar mas apropiado para que estuvieran, no ellos (los gitanos), si no nadie, es un lugar para admirar y disfrutar con la tranquilidad que se respira en este tipo de lugares, y ver que todo el frente de la fachada principal y la entrada estaba tan ocupado, me sorprendió y no pude fotografiar el entorno.
De cualquier manera, esto no fue motivo que alterara el maravilloso día que estaba pasando.
3pm
Ya en casa, un bañito, un ratito de sol debajo de un sauce y a ver el partido, partidazo de la selección de baloncesto (ganamos, por supuesto).
Luego otro baño, un partido de fútbol y a descansar, que mañana es otro día.
Así ha sido un día para mi maravilloso, un día los que te hacen sentir que la vida puede ser una gozada.
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Os Sete muíños |
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San José en Valencia |
Después de años negándome a ir a Valencia, ciudad que me encanta, en fechas falleras, este año he ido y, la verdad es que no me ha resultado tan agobiante como me imaginaba.
Tengo unos amigos en la ciudad (un papá, dos hijas y un nieto más sus amiguitas) y desde hace unos años he ido a visitarlos.
Mi amigo, el papá, ha estado enfermo y haciendo gala de una filosofía envidiable y un estado de ánimo inquebrantable, me ha "obligado" a olividar mis fobias falleras y allí me fui.
Me despertaba cada día con el alboroto de los cohetes, me sobresaltaba cada media hora con el sonido atronador de las tracas y por las noches con los fuegos ni te cuento.
Cada mañana nos íbamos a visitar alguno de los muchísimos sitios divinos que tiene para visitar esta hermosa ciudad. Ya sea la Albufera, debido a la época, estaba totalmente desierta, la playa de La Malvarosa, el paseo a lo largo del arenal es algo digno de mención, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en esta ocasión paseamos por los lagos (ya entré en todos los departamentos hace un par de años y aún recuerdo lo mucho que me había impresionado especialmente el oceanográfico, la Catedral, la estación del Norte, o algo más específico de la fecha como ver las ofrendas que las asociaciones falleras hacían a la Virgen de los Desamparados y luego ver cómo unos hombres confecionaban el Manto con las flores que estas asociaciones les entregaban. Es impresionante ver la devoción de todos los grupos falleros hacia "su" virgen. La Virgen de los Desamparados
Uno de los días nos fuimos a comer una paella valenciana a un pueblo que yo llamé "la Venecia de Levante" (Saplaya-Alboraya. Entre lo bonito del lugar, con los barcos amarrados en las calles, los veleros balanceándose con el vaivén de las olas, las falleras paseando y luciendo sus llamativos trajes, los críos explotando petardos, pasamos en este pueblo unas horas divinas. Para completar el día nos fuimos a ver los Cañones del Río Jucar, no están demasiado lejos y son espectaculares.
Pasados unos días me acerqué a Reus para ver a mis más queridos amigos con los que pasé un par de días.
Como cada vez que los visito, me tenían una sorpresa preparada, me llevaron a conocer un templo al que le llaman de forma oficial, La Pequeña Monserrat.
Por fin, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, me fui de visita familiar a Barcelona.
Aquí quedan algunas de las fotos de este viaje fallero.
Más como siempre en Flickr.
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Al fín...Dormida |
Fátima mira para la cama y lo ve tan dormido como siempre después de hacerlo. Desde el principio él al acabar se quedaba profundamente dormido, ella lo notaba y no entendía cómo podía suceder.
Siempre había oído decir cosas como:" Duerme como un bendito " o " Se ve que tiene la conciencia tranquila, mira qué bien duerme "
Cosas así las oía a menudo. Pero ella no dormía como una bendita, ella no tenía la conciencia tranquila.
Ella hacía mucho tiempo que no dormía, y sabía que él no debería dormir como si tuviera la conciencia tranquila. No, él no.
Sintiendo entumecidas sus piernas, se levanta y enciende un cigarrilo. Es lo único que le permite hacer pues debe pensar que no le estropeará su hermoso cuerpo.
Se mira y ve que tiene un cuerpo bien proporcionado y no entiende que sea así después de todo lo que ha intentado para destrozarlo.
Primero pensó que si comía mucho y engordaba, él dejaría de buscarla. Pronto él se dio cuenta de lo que estaba haciendo y tras darle una paliza, la obligó a vomitar cada día hasta que adelgazó lo poco que había engordado.
Luego ella se acostumbró a provocarse el vómito pensando que si adelgazaba mucho se pondría fea. También él lo notó y tras otra paliza le controlaba la dieta diaria.
Fátima renegaba de su cuerpo, un cuerpo bonito que servía para algo tan sucio como lo que él le hacía.
Vuelve a mirarlo y ve que sigue igual que hace cuatro horas. Se levanta y se acerca mirándolo fijamente. Le parece mentira que durante tantos años lo sintiera encima, a su lado, notara su olor y nunca lo mirara. Nunca lo había mirado tanto como lo estaba mirando ahora.
Empezó a sentir algo parecido a una punzada en el estómago y supo que eran remordimientos.
Remordimiento, algo que no podía ni quería permitirse. Para ahogar esa sensación de pesar, esa sensación de culpabilidad, se puso a pensar en cómo había empezado todo. Sabía que recordando tanto dolor, tanta verguenza, dejaría de sentir remordimientos.
Vuelve a sentarse y encendiendo otro cigarro recuerda aquella vez, aquel día tan lejano en el que él llegó a casa borracho como otras veces y, tras darle una paliza a su madre se quedaba dormido en cualquier parte. Su madre lo arrastraba hasta la cama lo acostaba y lo tapaba. Ella la veía hacerlo y a pesar de ser una niña, pensaba que su madre no debía de meterlo en cama ni taparlo; no se hace eso con alguien que acaba de darte una gran paliza.
Normalmente Fátima se escondía asustada cuando él llegaba, pero aquel día no sólo no se escondió, si no que se puso delante de su mamá. Él la vio y le dio un manotazo, ella se revolvió. Entonces él la cogió por los pellos y la tiró contra eel suelo.
Al caer su camisón quedó por encima de la cintura y él al verla se quedó mirándola sin moverse con los ojos rojos por el alcohol y ....
Se lo hizo allí mismo y al terminar se dirigió a su cama y se quedó dormido en dos minutos.
Ella lloraba porque le había dolido la barriga, los brazitos y, también allí donde hacía pis.
Su mamá, la acarició y la llevo a su cuarto, ella se durmió y al día siguiente nadie dijo nada.
No habían pasado más que tres días cuando él llegó más borracho de lo habitual y si acercarse a su madre, se dirigió directamente a la habitación de la pequeña Fátima. Volvió a hacerle eso del otro día y a dejarla llena de dolores y sucia.
Su madre le dijo que no pasaba nada, que todo se arreglaría, que se durmiera. Ella pensaba que no sabía porqué le hacía eso él, pensaba que pronto dejaría de hacérselo y que ya no le dolería más la barriguita, ni los brazos, ni allí donde se hace pis.
Pero él se acostumbró a ir cada noche, borracho o no, a su habitación.
Su madre le decía que pronto pasaría todo, que él dejaría de ir allí igual que había dejado de darle palizas a ella.
Fátima acabó pensando que no era tan malo lo que le hacía, ahora ya no le dolía y así no le pegaba a su mamá, ya no había gritos ni peleas en casa y, a ella ya no le daba verguenza que los vecinos la miraran por las mañana cuando iba al colegio.
Gracias a ella, que era fuerte y aguantaba los dolores, en su casa ya no había discusiones ni gritos por las noches.
Pasaron los meses y también los años y de pronto el cuerpo de Fátima empezó a cambiar. Le empezó a salir pelo allí, donde hacía pis. Empezaron a crecerle las tetitas y sangraba cada mes, lo que hacía él no fuera a su habitación durante esos días.
También empezó a oir hablar a las amiguitas de que ya iban a ser "chicas" Fátima oía hablar a sus amiguitas de lo guapos que eran los chicos del curso superior, las oía decir que sería bonito ser mayor para darse besitos con el novio. Ella pensaba que eso de darse besos era algo que daba mucho asco. Que nunca dejaría que un chico le diera un beso ni le hiciera lo que él le hacía. Pero esto lo pensaba, lo pensaba y nunca lo decía. Nunca podía decir a nadie lo mala que era. Ella ya hacía lo que las amiguitas decían que se hacía cuando se iba en los próximos cursos. Pero eso no lo sabía nadie.
Ella pensaba que no debía de ser nada bueno eso de ser "chica". Por entonces, ya sabía, ya había intuído que lo que él le hacía por las noches no era bueno. No sabía porqué, pero sospechaba que era muy malo ya que nunca se hablaba de ello.
De vez en cuando la madre, que ahora podía dormir y él ya nunca le pegaba, le decía que pronto pasaría todo.
Pero no pasó. Siguió año tras año y ella dejó de sentir dolor para sentir verguenza, asco, odio y culpabilidad.
Cada día se decía que sería el último, que estaba tan sucia, hacía cosas tan malas que no merecía vivir, pero cada noche aceptaba las embestidas del padre en silencio.
Sentía que toda la culpa era de suya, no protestaba, al principio sólo esperaba que no le doliera, y ahora sólo quería que nadie supiera lo que él le hacía.
Bueno, ahora ya no volvería a hacérselo más. Lo mira y ve que sigue tan dormido como hace cinco horas. Sigue dormido y... dormido seguirá para siempre.
Se levanta y pasa por delante de la habitación de la madre. Ve que también está dormida, muy dormida y... dormida seguirá para siempre.
Entra y la arropa, tal como ella le hacía cuando era pequeña y su padre aún no había notado que era una niña preciosa.
Como había adivinado, según iba recordando lo que ha sido su vida durante los últimos años, dejó de sentir remordimientos por lo que acababa de hacer. Dejó de sentir remordimientos, pero no le abandonó el sentimiento de culpa, ése siempre afloraba a su mente por mucho que ella intentara convencerse de que nada había sido culpa de suya.
Fátima fuma otro cigarro y al terminar, se acomoda en el sofá, allí donde no hay nadie y mirando para la pequeña batea ve que le queda suficiente para ella y sabe que al igual que su padre y su madre, se quedará dormida, muy dormida y... dormida seguirá para siempre.
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Otra historia de mi viaje ( De Madrid a Andalucía ) |
He dejado Madrid y como una campeona después de treinta y dos vueltas, encontré la carretera que me llevaba a Andalucía pasando por...
Chinchón.
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Chinchón es un pueblecito cercano a Madrid que entre otras cosas tiene un castillo una Ermita, una gran Iglesia y la plaza más acogedora del mundo mundial. Al pasear por ella, sentí deseos de quedarme toda la mañana y parte de la tarde; no lo hice, tenía que seguir visitando el pueblo y los demás lugares que me había propuesto.
Después de ver su iglesia y recorrer el pueblo, me tomé un café en la plaza que me había enamorado y luego seguí camino hacia otro destino: Aranjuez.
Siempre había oído hablar de Aranjuez por dos cosas: sus jardines y por "El Concierto de Aranjuez" de D. Joaquín Rodrigo.
No pude escuchar el concierto, pero sí recorrer y admirar sus jardines y descubrir especies de árboles que antes nunca había visto. Visité el palacio y ¡cómo no! me dejó alucinada.
Al salir de "La Villa Real" (así llamaban los reyes a Aranjuez por ser a ella a la que se retiraban a "descansar" de la dura tarea de reinar) me dí cuenta de que iba conduciendo por la rivera del rio Jarama y recordé a los muchachos que desde Madrid se fueron a pasar el domingo en bicicleta y allí, entre la orilla del río Jarama y la cantina de D. Mauricio, vivieron la triste e intensa historia que D. Rafael Sánchez Ferlosio nos contó.
Con el recuerdo de El Jarama, seguí mi camino y otra historia, esta vez "La Historia" por excelencia de nuestra literatura vino a mi mente y, guiada por su recuerdo, me dirigí a un lugar de ensueño y sueño:
Consuegra.
En el entorno de esta pequeña localidad hay aún hoy en día algunos de los pocos Molinos-Gigantes con los que nuestro loco más querido y conocido se peleaba para salvar a su amada.
Recordé que en Valladolid había visitado la casa en la que D. Miguel de Cervantes y Saavedra vivió con toda su familia, la casa en la que esperó a que alguien se dignara publicar una historia escrita por un ex presidiario, en la que un loco enamorado se peleaba con los "guerreros" gigantes que daban vueltas y vueltas.
Viendo los viejos Molinos de aire y los nuevos Molinos de viento, me imagino lo que el pobre de D. Quijote pensaría si los viera. Si gigantes creía a los "pequeños" Molinos de cuatro aspas, qué horror no sentiría al ver lo verdaderamente gigantes que son los nuevos "gigantes" que pueblan nuestros campos.
Luego de ver el castillo de Chinchón, los árboles de Aranjuez, la rivera del Jarama y los Molinos de Consuegra, me encaminé a la A4.
Con esta puesta de sol remato mi primera etapa e inicio la segunda de mi viaje, pues ya se sabe que de Despeñaperros para abajo, es otra historia.
Andalucía, ahí voy; tiembla.
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Historias de un viaje. ( Madrid ) |
3/11/10 Madrid
Ya estoy en Madrid y cómo no, me he perdido, menos mal que me han encontrado!
A media mañana me llevan a visitar lugares tan emblemáticos como el Palacio Real, en el que estuvimos más de dos horas porque estaban haciendo el cambio de guardia, algo que me han dicho hacen todos los primeros miércoles de cada mes. Es de resaltar que los miércoles la entrada es gratis, algo que se agradece, pues hay que pagar para entrar en todos, todos los sitios. Dios, en todos, todos los sitios, 4, 5, 7€ y más que hay que pagar para entrar.
Después de visitar el Palacio Real, la Almudena, la Iglesia de San Francisco el Grande, pasear por las calles del Madrid antiguo y comer en el Museo del Jamón (os lo recomiendo, bueno, rápido y barato) me llevaron a pasear a la Plaza del Sol.
Por la tarde recorrí lo típico: La Gran Vía y alrededores, la calle de Alcalá y alrededores, y muchas más calles céntricas.
Al día siguiente fui al Retiro, y paseé por otras calles viendo los cientos de hermosos edificios que tienen por allí. Parece que los arquitectos de aquélla tuvieran una guerra de ingenio: Si tú haces ese tan bonito, yo hago este más bonito aún.
5/11/10 Toledo, La Ciudad Encantada y Encantadora.
Alcázar de Toledo
Sólo tuve un día para visitar esta pequeña y divina, divina ciudad.
Me cundió mucho porque fui en autobús desde Madrid y en Toledo, en la misma estación de llegada se coge el autobús Nº 5 que lleva a la Plaza de Zocodover y desde allí se hace el recorrido a la ciudad. Yo conté con una guía muy especial; Mari Paz, la prima de Sagrarito, mi amiga de Madrid.
Gracias a ella pasé un día estupendo paseando, viendo y fotografiando Toledo.
Visité sitios como el museo provincial de Sta. Cruz, a ver una exposición de tapices. Caminando por calles estrechas (cómo no, cuesta arriba¡) y por la orilla del Tajo llegamos a el Alcázar. Tiene una murallas... impresionantes. Yo sólo entré a la biblioteca y subí a la cafetería. Desde ella se pueden sacar fotos muy logradas, a través de las ventanas.
De allí y pateando las calles (ya os dije cómo son estas calles) llegamos a la Catedral. Mi madre, no estaba yo preparada para ver lo que ví. Es una pena que no dejen sacar fotos. Yo al ir con Mari Paz, la prima de mi amiga Sagrarito, pude no sólo sacar algunas, si no también entrar a ver el Tesoro. Lo que ahí hay, ¡mi madre, lo que ahí hay! Si la de Segovia me alucinó, ésta me dejó sin habla.
Catedral vista desde el campanario de la iglesia de los Jesuitas
Al salir creyendo que cualquier otra cosa me iba a parecer menos que nada, me llevó (Mari Paz, la prima de mi amiga Sagrarito) a la iglesia de los Jesuítas. La iglesia en sí siendo bonita, no es lo mejor que me ofreció. Me ofreció la posibilidad de subir a patitas, kilómetro a kilómetro las escaleras del campanario y desde allí además de ver el trío de campanas, visualizar y fotografiar toda la ciudad y el rio Tajo, como si estuviera en un avión...
Qué pasada!!
Río Tajo a su paso por la ciudad visto desde el mirador del museo Victorio Macho
Al bajar las tres mil escaleras del campanario, mi amiga me llevó a ver un museo de Victorio Macho. Me encantó, os lo recomiendo. La ubicación es excelente, las obras impresionantes y las vistas te dejan sin aliento (ver fotos en la galería "...y tu que las veas").
Luego bajamos rodeando la muralla por fuera, pasando delante del antiguo manicomio, (ahora no recuerdo lo que es en la actualidad) desde donde me contó mi guía privada (Mari Paz, la prima de mi amiga Sagrarito) que por las ventanucas que se ven, los locos gritaban piropos y algo más que piropos a las mozas y a sus acompañantes.
Llegamos al Parador, que es una pasada, pero que ya casi no pude fotografiar pues era muy tarde para hacerlo con luz natural y muy pronto para que lo iluminaran. Qué le vamos a hacer! é o que hay...
A las 7 de la tarde me volví más feliz que unas castañuelas en autobús a Madrid, a cenar rico a casa de mi amiga Sagrarito.
Sábado 6, mi último día en Madrid.
Por la tarde paseamos nuevamente por la capi.
Mi amiga Sagrarito me dijo que ya que vivía en provincias, ella tenía la obligación de llevarme a ver el Teatro de la Zarzuela por fuera... y por dentro. Dicho y hecho, allá nos fuimos a ver "La del Soto del Parral". Nunca había visto una zarzuela y cómo no, me encantó. Curiosamente trataba de segovianas y segovianos, tierra que acababa de visitar, así que la ubiqué en el pueblo que más me gustó, así, por obra y gracia de mi reciente recuerdo. Coloqué de un tirón al matrimonio y a los novios en Sepúlveda, que para eso es el pueblo que yo visité, hala.
Me contaron que pocas veces se veía la calle de Alcalá sin coches y este día era un de ellos. Se celebraban los premios de la música MTV.
Se acaba la visita a Madrid y hay que descansar que mañana tengo una ruta guay.
Adiós Madrid, que Andalucía me espera.
