...Y La Roja ganó, y nos alegró e hizo que futboleros y no futboleros hoy siguiremos peleando por la vida, pero los momentos que pasamos viendo los partidos de La Roja, no hay quien nos los quite. Nadie nos va a quitar los buenos y tensionados momentos pasados con amigos y familia delante del televisor y con unas tortillas de patatas, unos filetes empanados, una gran ensalada, unos pimientos de Padrón con un alguno que picaba, y cómo picaba, que aumentaba la adrenalina y la satisfación de ganar.
Ayer, ayer fue demasiado, tensión,mucha tensión, y cabreo, mucho cabreo al ver que los holandeses más que jugar, sabedores de nuestra superioridad técnica, lo que pretendian era rompernos las piernas y la moral (no sabían que La Roja es La Roja) y por fín el GOL.
Andrés, eres genial y te adoramos. Por lo de ayer, por lo de todos los partidos, por cómo eres, porque eres el mejor.
Queremos a Andrés, a Puyol, Villa, Iker, Piqué, Busquets, Capdevilla, Xabi, Navas, Xavi, Sergio, Pedrito, Torres, Reina, Cesc, Valdés, Llorente, Albiol, Silva, Matas, Marchena, Arbeola, Javi.
!Apa España! bien por todos y por supuesto bien por D. Vicente.
D. Vicente gracias y perdón por el miedo que pasábamos con cada cambio que hacía y... la leche, al final ya sabíamos que aunque no parecían los mejores cambios, eran los cambios mejores. Es usted un gran entrenador y mejor hombre. Gracias.
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GANAMOS!!!!!!!!!! !!!!!! CAMPEONES DEL MUNDO !!!!! |
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El Cañón Coloreado |
Segundo día en Egipto
Nos despedimos de la gente del hotel y dejando con pena el hermoso pueblo nos enfrentamos al ya habitual regateo con un taxista para que nos llevara a nuestro segundo destino en Egipto: El Cañón Coloreado.
Fue un viaje bastante accidentado.
El taxista que contratamos, nos acercó hasta la salida del pueblo y allí nos "entregó" a otro que ya tenía dos personas dentro e iban en nuestra misma dirección. Los taxis eran casi todos monovolúmenes con capacidad para al menos 10 personas.
Nos fuimos todos juntos y al llegar a la entrada del Cañón, el conductor nos dijo que ya habíamos llegado, nos mandó bajar y allí nos dejó, en la carretera con todo nuestro equipaje y sin saber dónde estábamos.
Sin saber muy bien qué hacer nos acercamos hasta uno de los cientos "puntos de control" que hay en todo el país y les explicamos que queríamos contratar un Jeep para ir al Cañón.
Los policías nos dicen que allí no hay Jeep, que debemos ir hasta el pueblo que está a unos 5 kilómetros.
Podéis imaginaros nuestra cara de sorpresa, allí, en pleno desierto, estábamos cinco galeguiños con un montón de mochilas y maletas y sin ningún medio de transporte.
Debimos de darle pena a un policía porque paró a un señor que por allí pasaba y le preguntó si nos podía llevar hasta el pueblo para alquilar un Jeep.
El señor nos dijo que nos podía llevar él, por un módico precio de 200 libras egipcias.
Dicho y hecho, dejó en la carretera a su familia y nos acercó al pueblo, pero no para alquilar un Jeep, sino a un puesto de la policía para sacar los permisos
y poder entrar en el Cañón.
Resulta que nosotros tuvimos que hacer unas fotocopias de nuestros pasaportes y el señor firmar un documento conforme se comprometía a devolvernos al punto de control a todos y cada uno de nosotros. También se comprometió a no dejarnos entrar en el Cañón sin un guía.
Con todos los papeles arreglados volvemos al punto de control,donde nos obligaron a dejar allí nuestros pasaportes, algo que nos acojonó bastante, pero requisito sin el que no nos dejaban iniciar la subida al Cañón.
Por fin decidimos dejar los pasaportes y nos dirigimos en el todoterreno del señor.
A unos cuantos metros del punto de control, vimos un señor y dos chicos sentados en la carretera que resultaron ser los hijos y un amigo del conductor. Se subieron al Jeep como pudieron, en las ruedas, en las puertas, donde buenamente pudieron y todos juntos nos encaminamos a la entrada del Cañón.
Del Cañón sólo os diré que fue la aventura más impresionante que he vivido. Mi pensamiento constante era: si el guía pasa, yo también. He de aclarar que "el guía" era... un niño de 9 años!!!!! Sí, de 9 años e iba la mar de contento y decidido delante de nosotros. Por eso es que yo pensaba que si él iba, yo también. Y fuimos, vaya si fuimos y todos conseguimos llegar al final. Y menos mal, porque no se podía dar la vuelta, sólo podíamos seguir hacia adelante.
Por donde se bajaba, no se podía subir. Por donde entrábamos, no podíamos salir. Sólo teníamos una opción: seguir y seguir.
El camino era tan duro como hermoso. Por algo se llama El Cañón Coloreado. Un vez que superábamos la prueba del camino, nos quedábamos extasiados mirando a nuestro alrededor. Las formas de las montañas, y los colores de las rocas eran algo impresionante, miráramos para donde miráramos.
Fue una travasía de cerca de 4 kms que duró como dos horas y media que no olvidaré nunca.
¡Mi madre qué experiencia! Me sentí increíblemente bien. No notaba siquiera el calor y estaba llena de decisión y ganas de avanzar.
A veces, casi siempre, el camino era todo un reto, pero yo acepté el reto y lo superé. !!GUAU!!
De verdad que lo mejor es que se vean las fotos. Tuvimos que pasar por entre montañas en las que no había más de 50 cms de separación, tirarnos resbalando por una gran piedra como si de un tobogán se tratara, meternos por debajo de unas rocas sin saber qué habría al otro lado (pero si el guía pasaba: yo también).
TODA UNA ODISEA.
Al salir del Cañón hicimos unos 100 metros desierto a través y subimos una montaña de tierra hasta donde el conductor nos esperaba. Creo que fue lo más duro del trayecto.
De veras que yo, personalmente yo, creí que estaba en otra dimensión. Nunca creí que pudiera hacer lo que hice, pasar por donde pasé, saltar lo que salté.
Antes de volver al punto de control a recoger nuestros pasaportes, el conductor nos llevó a una jaima que habia en la mitad de ninguna parte y nos invitó a un té muy dulce y caliente que todos agradecimos.
Sí, eran personas muy agradables, el joven que nos llevó al Cañón, cumplía 26 años a los pocos días y nos contó que su sueño era ir al Caribe. Ojalá lo cumpla...
Desde allí nos fuimos a la frontera de Israel para seguir viaje. Por primera vez nos subíamos a un autobus y por la noche ya estábamos en Eilat, Israel.
Pero eso es otra historia y queda para mañana.
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Llegando a Egipto |
Primer día
Acabamos de separarnos del grupo en Ákaba, pueblo costero y único puerto de Jordania.
Después de ponernos morados en un McDonald's, el primero que pudimos disfrutar desde que llegamos a Jordania, donde la comida era repetitiva hasta la saciedad, repetida y no demasiado buena, cogimos un taxi para que nos llevara a la frontera de Israel. Nos dirigíamos a Egipto, para lo que tuvimos que atravesar Israel.
Pasar las fronteras de Israel fue una pequeña tortura, los policías tenían cara de póker y eran secos y fueron en las únicas en las que nos registraron el equipaje, en las que sacaron todo lo que llevaba en mi maleta y en las que nos "cachearon".
La distancia es de unos 100 kms que hacemos en distintos taxis. Lo de contratar los taxis era toda una odisea. A veces hasta media hora que estábamos en un tira y afloja, pues se pasaban un pueblo (más bien un país) al pedir, pero bueno, al llegar a un OK eran gente agradable y se respetaba lo pactado (menos los israelíes, que además de antipáticos, trataron de timarnos).
Llegamos a Dahab, un pueblo costero ya en Egipto, en El Monte Sinaí.
¡Por fin en Dahab!
Aquí comienza verdaderamente nuestra aventura. Lo hace de la mejor forma posible: el pueblo es precioso y encontramos un hotel guapísimo con gente encantadora y desayuno de 7 a 10 am incluído por un precio razonable. Yo le daría un 10, bueno, un 9 ya que como comprobamos en cada sitio en el que parábamos, los baños son un elemento secundario y posiblemente incomprensible para ellos. Lo que pudiera "faltar" en la habitación, lo compensaban las terrazas exteriores, mirando al mar o al lado de la piscina.
Aúnque era ya tarde, salimos a dar una vuelta y el paseo fue muy agradable. Íbamos por una calle llena de tiendas de regalos, bares exóticos y restaurantes temáticos. Todo en la orilla del mar, del Mar Rojo. Una pasada.
Es nuestra primera mañana en Egipto y queremos aprovechar el día, así que vamos a desayunar llenos de energía y nos encontramos con que casi no hay nada para comer (ver sección de anécdotas).
Salimos a la calle a contratar un taxi, sabiendo ya que hay que regatearles hasta el cansancio y por fín conseguimos uno que nos llevó a nuestro primer destino en el Monte Sinaí: Sta Catherine.
Cuando llegamos allí (estaba a 90 kms del hotel) quedamos con el taxista para las 12 del mediodía y nos dirigimos a pie hasta el monasterio.
Es precioso y además con una particularidad, debe de ser el único monasterio del mundo en el que dentro de sus murallas hay una iglesia cristiana y una mezquita musulmana. ¡Así como lo leéis! las dos separadas por el mismo muro.
En el patio del monasterio está la que dicen es "La Zarza que Arde sin Consumirse" que Dios le ofreció a Moisés mientras esperaba por la tabla de los 10 mandamientos.
También hay una capilla con un osario bastante impresionante que dicen que son de los monjes allí fallecidos. La colección de pinturas es verdaderamente espectacular.
Esto en la iglesia, en la mezquita no sabemos lo que habrá, ya que como fue habitual en todo el viaje, no nos dejaron entrar y eso que esta mezquita es distinta a cualquier otra mezquita. Dicen que la construyó un trabajador beduino amigo de los monjes para que los musulmanes no atacaran la iglesia cristiana. Por lo que se ve la estrategia funcionó pues nunca fueron atacados y desde siempre han vivido allí monjes.
Acabamos la visita y nos dirigimos a buscar al taxista para volver a Dahab (ver sección de anécdotas).
Es por la tarde y tenemos la gran suerte de que hace un tiempo muy bueno, así que con nuestros bocadillos nos vamos a la playa. La playa como tal no es gran cosa, pero el mar, el Mar Rojo (que no es rojo, sino de un azul impresionante) nos iba a ofrecer algo inolvidable para los que se atrevieron a buscarlo. Toda una experiencia con la que iniciábamos nuestra aventura por libre.
Los más aguerridos buceadores, armados con sus gafas y su tubo de plástico se hicieron a la mar y encontraron un arrecife con peces y corales de colores. Los que no nos atrevimos a "bucear", lo vimos en las fotos por la noche en el hotel y ahora aquí.
Por la noche salimos a comprar algunos recuerdos y a disfrutar de la alegría y simpatía de la gente del lugar. Era muy agradable andar entre los vendedores que te invitaban a entrar en sus establecimientos.
Después de las consabidas compras dimos un nuevo paseo más bien cortito por la orilla del mar y a la camita, que nos esperaba lo que resultó ser el día "H" de nuestro viaje.
Hasta mañana.
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Qué a cambio de todo? |
Mientras el fuego de la chimenea sigue calentando la estancia, Ana sentada en un cómodo sillón mira a su marido consciente de no poder evitar hacer comparaciones.
Hace tiempo que sin querer y en cualquier momento se encuentra a sí misma haciendo unas tristes y humillantes comparaciones. Le duele el alma sentir que la agradable y confortante habitación no le calma la tristeza que la apatía ha instalado en su vida diaria.
Su marido está entretenido leyendo el periódico y al pasar cada página mira para ella y le sonríe. Una sonrisa de conformidad, lo que acentúa aún más la sensación de vacio que reina vida.
Ana sigue acurrucada en el confortable sillón del amplio salón y mentalmente lo compara con el desvencijado sofá del pequeño apartamento en el que vivió con sus antiguas compañeras y la sensación es mareante. Nota que está a punto de llorar, que se ahoga.
Quiere volver a vivir, quiere recuperar su viejo apartamento.
Todo comenzó cuando ganó aquel concurso de belleza en los grandes almacenes en los que trabajaba.
Sus amigas y ella se presentaron para divertirse más que para otra cosa y, sin proponérselo ella salió elegida. Como no se lo había tomado en serio, no habían leído las condiciones del concurso, así que sin esperarlo se encontró con que le esperaban nuevos concursos, viajes. Se dejó llevar y cuando se dio cuenta, había llegado a ser una bella marioneta en manos de los organizadores de estos eventos.
Ganó cada uno de los concursos a los que la llevaron, se pasaba el día como en una nube, la vestían, maquillaban y peinaban, estaba en una burbuja en la que se fue alejando de todo lo que hasta entonces había formado parte de su vida. Una vida que ahora añoraba hasta sentirse ahogada.
A los concursos de belleza le siguieron eventos sociales, viajes y compromisos para los que nunca había sido preparada.
Cuando Hernesto, el dueño de uno de los hoteles en los que se alojaba le propuso iniciar una relación, Ana pensando que el hada madrina de las novias la había visitado y que él era su príncipe azul, aceptó. Todo se volvió más relajado, se fueron acabando (nunca supo cómo lo había conseguido Hernesto) los compromisos publicitarios, los viajes, el estar con gente que no conocía. Todo se fue acabando. Todo. Todo.
Ana aún no sabía hasta qué punto se fue acabando todo.
En poco tiempo se casaron y los dos años siguientes fueron calmados y entretenidos esperando un embarazo que nunca llegaba.
Ana había dejado de sufrir los estresantes días de su fulgurante carrera de concursante-modelo y ahora sufría las largas y cada vez más numerosas ausencias de un marido al que casi no veía y del ahora sabía que dependía para todo.
Sí, Ana quería volver al viejo sofá, a los buenos amigos, a su viejo empleo, a su vida llena de sorpresas, agobios financieros y salidas en grupo.
Para qué tanto lujo, tanto tiempo? Ana miraba su entorno y comparaba lo que tenía, con lo que había perdido. Quiero, ¡oh dios mio!, vivir. Quiero reir, no torcer la cara en un gesto. Quiero estar rodeada de mis amigos, no de un frío lujo.
Cambio todo esto por todo aquéllo.
Cada día Ana, intentaba convencerse de la suerte que había tenido, de que tenía todo lo material que podía desear, que para ser feliz sólo tenía que desear lo que tenía.
Siempre podía volver a su antigua vida, a sus viejos muebles, a sus queridos amigos. Siempre podía.
Pero Ana seguía atrapada en una soledad y dependencia de la que no sabía salir.
Ana se sentía culpable de no ser feliz con lo que tenía, se creía la causante de su fría existencia. Ana se culpaba de no ser para su marido lo que éste esperaba de ella y mientras Ana se apagaba y no se atrevía a cambiar.
No sabía cómo enfrentarse al futuro, cómo dejar al marido que no es mala persona, pero no es "su" persona.
Ana sigue acurrucada en el sofá y así seguirá .
Sólo Ana podrá cambiar su destino y algún día lo cambiará.
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Los blogs no van a morir, no. |
Hoy es sábado, un sábado en el que no vamos a tener fútbol durante la tarde, no es que haya acabado la liga, no, aún quedan unos partidillos, lo que ocurre que es que hoy se va jugar la jornada entera a la misma hora. Qué bobada, así no damos abasto para todos!
Bueno, además de éso, yo me he levantado con ganas de mirar el blog y me ha dado mucha pena verlo tan solo y abandonado.
No prometo nada, pero intentaré hacer algo para remediarlo.
He leído el blog de Dianch y él se pregunta si el blog a muerto, ya le he contestado que no, que son baches y que por mi parte es ajeno a mi voluntad.
He leído el blog de Sara y me ha recordado que ya hace 2 años que lo tiene y que siempre lo ha cuidado y alimentado (no como otra que yo me sé)
FELICIDADES Sara, sigue con tus momentos decisivos, que son nuestros momentos agradables
He leído otros más como la terapia de Rafaela, que tantas veces me ha ayudado a pensar y a olvidar mis malos rollos. Gracias Rafaela.
Volví a leer el blog de mi querida y abandonada Sirenita, Mundo de solos, y he vuelto a recordar las veces que nos contábamos cosas.
He leído a Noche Hermosa, y he leído otra noche, la Noche de los Puentes, a Pedro y a Voro y a Verdial.
He leído a Kay y su Última inocencia,
Cómo no, he leído " que paren el mundo que me quiero bajar" y he asumido como propia la cita, bueno, más que asumirla, la he reconocido, pero Pabliño, tú que eres un buen amigo, quiero decirte que me lo he pensado mejor y no quiero que paren el mundo ni me quiero bajar.
Voy a pelear y voy pasar por este mi blog y voy a contar algunas tonterías y a esperar que vosotros me contéis las vuestras, que para eso fue creado este blog.
También voy a subir a la galería de fotos algunas de las del viaje, pero esa es otra histaria.
Un biquiño a todos
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Ay Rosiña |
Rosiña, Rosiña!
Con lo mayor que eres y los paseillos que te pagamos por el mundo, no has aprendido a tener cerradiña a boquiña?????
Sabes? el Sr. Zapatero está encantado con ser leonés, pero seguro que de no serlo, estaría feliz de ser gallego, pero gallego gallego.
Rosiña, todos sabemos lo cabreada que estás desde que él y no tú, salió elegido democráticamente, primero como secretario general del partido y luego como presidente del NUESTRO país (del tuyo y del mio): España.
Rosiña, cínica tú, sabes que ser gallego es CASI tan importante como ser vasca?, catalan? manchega?.
Ser gallego, Rosiña, no tiene nada de PEYORATIVO.
Ser y vivir llena de rencor, sí es peyorativo, muy desfavorable.
Rosiña ven que además de marisco, te daremos educación, un poquiño de buena educación..
