Después De Una Tarde de Domingo... (II)

Recomiendo leer previamente: (Una tarde de domingo I)


Mientras cambia de nuevo la sombrilla mira a Juan que duerme.
O no? Tal vez Juan tampoco esté dormido, pero como siempre ha hecho, respeta su silencio, al igual que él ha respetado el suyo durante toda su vida.

Marieta decide que ya está bien de pensar, que es hora de olvidar, de olvidar.

Juan no duerme. Juan ha estado mirando a Marieta, su Marieta.

Como siempre que la mira en silencio, piensa que no la conoce, hoy, después de 50 años, no la conoce.
Sabe que Marieta es más de lo que enseña. Que es más de lo que su apariencia da a entender.

Juan lleva 50 años mirando, amando a Marieta.

Era por la mañana, era un día como cualquier otro día por la mañana.
Él estaba buscando no recordaba qué libro para regalar a su madre, ahora que volvía a la casa.
Ya había acabado la carrera y estaba a la espera de que lo llamaran para empezar un trabajo.
Pero mientras tanto, se iba a casa a vivir del cuento, a gozar de las atenciones de la madre. Qué días! Sin trabajo... sin preocupaciones... con los amigotes y alguna chica que estuviera de veraneo!

Sí, sería un buen verano.

...Y, estaba siendo un buen verano, sólo ensombrecido a ratos por el recuerdo de unos ojos, los ojos de aquella chica menuda que ayudó a llevar la maleta a la pensión de la que acababa de despedirse.

Cuando la recordaba, se preguntaba si aún estaría allí, si cuando volviera podría verla de nuevo, si podría convidarla a comer, si podría... si ella querría... si...

Juan caminaba a la búsqueda del libro cuando al mirar hacia la derecha la vió.
Allí estaba ella, mirando a todos los lados, sin saber dónde ir. Alí estaba ella y al mirarla lo miró.

...Y Juan vio sus ojos y nunca más volvió a dejar de verlos.

Ella no era gran cosa, más bien baja, más bien delgaducha, no muy guapa. No, no era gran cosa, pero como supo después Juan, tenía unos ojos que hechizaban.
Lo había sentido y había sido testigo del efecto que causaban en toda persona que miraba esos ojos.

Juan se cambió de postura, no podía estar mucho tiempo en la misma, los huesos protestaban y se vengaban mandándole avisos dolorosos desde varios puntos a la vez.

-Estoy viejo, decía a veces. Pero aún he de dar mucha lata, hijos!
-Caña, abuelo, se dice, caña -contestaba siempre su nieto pequeño.

No era fácil adaptarse a los nuevos tiempos. Pero ahí estaban ellos, intentando no alejarse de los hijos, de los nietos.
Y, ahí estaba él, con 75 años en una playa del Caribe al lado de Marieta. Que él recordara, era la primera vez que estaban solos tantos días desde que se conocieron.
No es malo estar solos, piensa.

Juan retoma el hilo de sus pensamientos, es consciente de que cada vez le cuesta más concentrarse y, que tiene lagunas. Mira a su mujer y se pregunta si ella también las tendrá. Se hace el propósito de preguntárselo cuando despierte.

Recuerda cuando al principio él sentía unos celos enormes al ver cómo quedaban prendidos de su mirada los hombres al conocer a Marieta.
Pronto se dió cuenta de que Marieta no conocía, o al menos, no parecía conocer los efectos que causaba.

Recuerda cuando se conocieron: Eran tan jóvenes!
Le costó mucho acceder a ella, le costó tanto que el cortejarla se convirtió en una cuestión de honor.
Él sabía que era de su agrado, por lo que no entendía el porqué de su negativa a iniciar una relación de noviazgo.

No lo entendía hasta que ella se lo explicó.
-No estoy sola.
-Cómo, tienes ya novio?
-No, no es éso... Yo no soy sólo yo. Estoy en estado de buena esperanza. Estoy embarazada.

Éso fue una bomba.
Carajo! Éso sí que no lo esperaba. Si nunca la había visto con nadie!

Aún hoy, 50 años después, se sonroja al recordar el susto que se llevó.
Él no estaba preparado para algo así, éso eran palabras mayores y él era aún muy joven para esas cosas.

Además, de quién era? Porqué la había dejado embarazada?
Demasiadas preguntas para alguien tan joven!
Claro que ella era más joven y estaba serena.
Pensó que todo había acabado aún antes de empezar.
Pasaron unos días y Juan comprendió que nada importaba si ella lo aceptaba. Juan estaba enamorado y hoy, 50 años después, seguía estándolo.

Nunca se arrepintió...
Y nació la niña y luego los otros hijos. Eran todos iguales, por más que mirara para ellos, eran todos iguales.
Los niños eran de él, las niñas de Marieta. Punto final, nada más que hablar: dos niñas como Marieta, dos chicos como él.

No fueron tiempos fáciles. Mucho trabajo, muchas penurias, alguna enfermedad y algunos malos momentos, pero ahí estaban ellos, en una playa del fin del mundo después de 50 años.

Viejos, muy viejos, pero juntos.

Alargó su mano y cogió la de Marieta, y así, mano con mano, se quedó dormido. Plácidamente dormido.


Ya es el atardecer del último día y en la terraza con sus infusiones esperan que la noche les acerque el momento de regresar a casa.
-Esto debe de ser el paraíso, verdad?
-Sí, supongo que algo así nos espera cuando nos muramos.
-Bien, pero que siga esperándonos, ahora que ya nos conoce, que siga esperándonos, te parece?
-Me parece.

Marieta sonríe a Juan y piensa que su vida fue una buena vida.
Piensa que Roberto sólo fue un medio para un fín.

Mañana volverán a su hogar y allí estarán los hijos, los nietos y lo que les queda de vida.

Marieta mira a Juan y cree sentir algo parecido a unas cosquillas, de esas que en realidad no son otra cosa que una forma cursi de sentir el amor.



Gracias Vane, sin ti no me habría animado.

13 comentarios:

Vane dijo...

De nada! gracias a ti por escribirlos para todos.

Besotes!

Sara dijo...

Mira!!!es una historia tan común en esta y otras sociedades, en este y otros tiempos, pero...contada así... con este estilo, de esta forma tan entrañable, con tanto sentimiento pues...una vez más, me has hecho disfrutar mucho con la lectura, eres grande Dianina, grande si señora!!!
Un besito amiga

Pablo dijo...

Muy buen final para la historia.
Me encanta.
Un beso.

Anónimo dijo...

Gracias Diana por contarnos estos cuentos tan buenos.
He leído varios y este en sus dos partes es encantador. Es muy buieno, bonito, bonito, bien contado, bien dividido y con unas fotos preciosas y muy adecuadas para el cuento.
Felicidades.
Carmen, la de Málaga.

Voro Sempere dijo...

Impresionante Diana.

josé javier dijo...

Querida amiga, ¡qué historia más bonita!
Creo que acerté al identificarme con Juan. ¡Qué valiente fue! Y la vida se lo agradecío con cincueta años de felicidad
Así es la vida... y tú nos lo has recordado.
¡Enhorabuena! y feliz verano.
José Javier

Diana dijo...

Hola.
-Vane, te quiero.

-Sarita también te quiero, ala.

-Pablo gracias. De veras, gracias por tu tiempo, que sé que de momento no es mucho, por tus palabras y por ser tan generoso.

-Carmen, gracias por volver, por volver y por tus elogios.Carmen, deberías de tener tu propio blog y hacer cosas en él para tí y para nosotros.

-Amigo Voro graciñas por tus palabras.
Por las del otro comentario y por este tan contundente.
Voro sigo visitando tu blog por que me agrada hacerlo, me agrada, me entretiene y me lo paso muy bien leyéndote.

-J.J. Yo ya sabía que habías acertado al identificarte con Juan. Aún sin saber cómo seguía.
Sí J.J. Juan fue un valiente y al lado de Marieta fue tan feliz como Marieta lo fue al suyo.

Graciñas a todos y desde Coruña os mando un biquiño con cariño.
Diana.

Anónimo dijo...

Bravo! bravo por los dos o por uno en dos. Es bueno, bueno.
Ya he leído varios de tus cuentos y otros. Ya he mirado las fotografías espectaculares, y pienso que es una gran bitacora la que tienes.
Enhorabuena.
Tu estilo, tu imaginación y tu frescura son dignos de alavar.
Como dices tu un biqiuno desde Barcelona.
Joan.

Sirena Varada dijo...

Gracias Vane por animar a tu naiciña a escribir una historia tan tierna.

Me gustó el cuento de principio a fin. Juan nunca se arrepintió y Marieta sintió -al fin- por él cosquillas en el estómago... No cabía un final mejor para la historia: el final que ellos se merecian.

Un montón de biquiños para Vane y para ti.

Vane dijo...

Gracias Sirena :D lo mismo para ti.

tempranillo dijo...

Aún a pesar de que lo cuenta como cuento, es algo tan real y tan común en la vida, que la he sentido como mía.

Atentamente
Bandolero El Tempranilo

Diana dijo...

Hola
-Sirenita, gracias.
Tanto Juan, como Marieta se merecieron todo lo que vivieron y, viveron mucho.
Bien por ellos y por todos los que luchan día a día porque su vida sea la mejor vida.
Un biquiño.Eres un cielo y ya ves mi hija qué escueta ha sido, pero te mando un montón de biquiños.
-Bandolero, has vuelto! Cómo me alegro, te echábamos de menos.
Gracias por tus palabras, veré tu blog.
Un millón de bicos por volver.

Anónimo dijo...
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