Un espejismo

Está sentada en un banco de piedra, en el pórtico de una pequeña iglesia, con un portalón que más parece de una cárcel por lo imponente. Mira para él y piensa que si las iglesias eran para atraer a la gente, para refugio de la gente, cómo es que les ponían una puertas que sólo hacían pensar en marcharse corriendo? ¡Qué pensanmiento tan tonto!

Sí, era un pensamiento tonto en un momento tan lleno de recuerdos fascinantes.
Sentada allí, sola y con un silencio apenas roto por el píar de algún pájaro y el constante murmullo de las hojas que provocaba una suave brisa, ella estaba volviendo a vivir el día. Estaba llenándose del recuerdo de las sensaciones recien vividas.
Era ya al atardecer y hacía unas horas que se habían separado pero aún oía su voz, la voz de un hombre convencido. La voz de quién está decidido a conseguir los objetivos marcados.
Aún resuena en sus oidos ese tono intenso con el que le contaba sus sueños, lo que esperaba de la vida, sueños por los que luchaba, por los que vivía.
Mientras mira para la torre de la solitaria iglesia, ella piensa que le desea de todo corazón que los consiga.
Piensa que él se lo merece. Alguien que le ha hecho vivir un día tan hermoso, sólo puede merecerse lo mejor.

Hoy ha conocido a una persona llena de vitalidad, de alegría, de ganas de vivir; un hombre que no ha dudado en compartir unas horas de entusiasmo con ella.

Han pasado el tiempo en un paraje hermoso, a la vera de un rio custodiado en todo su recorrido por una exuberante vegetación, en un rincón de su largo camino habitado por pájaros, delante un castillo que vigilaba el bien vivir de las gentes que moraban en unas impresionantes casas de piedra.

Han pasado las horas disfrutando de unas a veces alegre, otras un poco más seria pero siempre en una agradable conversación que ha dejado su alma llena de paz y confianza.
Sí, de confianza en la gente, algo que había perdido.

Un paisaje idílico para una experiencia inolvidable con una compañía inmejorable. Así había sido ese día, el día en el que ahora se encontraba sentada sola ante una antiquísima, pequeña y solitaria iglesia.

Pensaba que las horas habían pasado como minutos, que si bien hablaron como cotorras, tenía la sensación de que se le quedaron miles de cosas sin decir, cosas de las que le si el tiempo se lo hubiera permitido, le habría gustado hablar.

Seguía recordando la expresión de su cara, una cara franca adornada con unos preciosos ojos azules, cuando le contaba cuáles eran sus sueños.
Un hombre que está decidido a luchar por alcanzar tan hermosos sueños, tiene el derecho de lograrlos.

Ella, sentada allí, sola y rodeada de silencio, le desea con todo su corazón que los consiga.
Ella allí sentada disfrutando del recuerdo del día vivido, piensa que él se ha ido y se ha llevado un trocito de su corazón. No le importa: lo que ha quedado, está lleno de agradecimiento por haberle mostrado el camino de la alegría.
Una alegría que ella había perdido, pero que desde hoy está convencida que recuperará. Él se llevó un trocito de su corazón, sí, pero él a cambio le recordó que la vida es para algo más que para estar triste y desconfiada.

"Gracias Sr. Pérez (sí, Sr. Pérez de Castilla, que se me ocurre pensar que para poder ser Sem..., tenías que ser primero Pérez, si no pregúntale a tu mamá) gracias por compartir conmigo tu alegría, entusiasmo y ganas de vivir. Quédate con el pedazo de corazón que te llevaste y recuerda siempre que el resto que aquí se queda, te recordará siempre con un inmenso cariño y no pierde la esperanza de algún día volver a encontrarte".

Ella, ahora que se acerca el momento de volver a la rutina, se siente feliz porque ha estado al lado de un hombre auténtico, genial, alegre, con una mirada limpia, llena de confianza en el mundo y con ganas de compartirla.

Sí, por la mañana fue al encuentro de un desconocido, por la tarde se despidió de un amigo.

Gracias Sr. Pérez.

Ella volverá a ser Ella

Pasó la primavera y ella no vio las flores.

Ahora se está asentando el verano y en momentos de lucidez, ella siente que quiere disfrutar de su amigo el Sol.

Mira por las noches el cielo y lo ve lleno de estrellas, de rutilantes y límpidas estrellas y, ella sabe que lo que siente al verlas no es lo que siempre sintió al mirarlas.
Ella sabe que no es ella y, espera, desea volver a ser siempre fue ella.

El verde intenso de sus árboles, la frescura de la hierba al amanecer,esperan ser reconocidos por ella que siempre disfrutó de las primeras horas del día, cuando todo el mundo aún duerme.

Ella que ahora ve el rocío en las hojas de los arbustos no se decide a acercarse, a tocarlas, a gozarlas.

Ella desea que su alma recupere la calma y su cabeza la serenidad.
Ella quiere volver a ver, volver a sentir.

La Espera Eterna

Miguel mira el reloj y se sorprende de lo tarde que es.
Siempre le pasa lo mismo; se olvida del tiempo, se olvida del mundo.
Como otras muchas tardes desde hace muchos años, Miguel se sienta en la misma roca, mira el mismo mar y piensa en las mismas cosas. Una y otra vez, sus pensamientos, sus sueños, sus deseos, se repiten.
Miguel sabe que son sentimientos compartidos por muchos de sus paisanos, por muchas de sus vecinas, mujeres que se pasan la vida esperando al esposo que un día se fue. Deseos, sueños, pensamientos compartidos por su madre, por su madre especialmente.
Siempre ha sabido lo mucho que su madre ha mirado -mira aún - al horizonte queriendo ver más allá, allí donde el sol se recoge cada día, allá lejos donde una hermosa línea une las aguas del mar con las nubes del cielo.

María, la madre de Miguel, se ha pasado los años mirando, imaginando, soñando.
Soñando que el que se marchó hace tanto tiempo, vuelve y ella reconoce en el recien llegado al que un día muy lejano se fue y con él llevó su juventud, sus ilusiones; su vida.
Ahora María, la madre de Miguel, ya no espera, ya no cree, ya no mira. Muchos fueron los años en los que María acudía diariamente al mismo lugar en el que ahora está Miguel, y esperaba a ver si veía a su hombre volver. Miraba y le preguntaba al sol, si no estaría allí donde él se escondía cada atardecer para pasar la noche. Después de muchos años, María se decía que tal vez un día su hombre cuando volvía para casa, un golpe de mar se lo llevó allí, hacia aquella hermosa línea y ahora está recibiendo cada tarde al sol para que le lleve noticia

s de ella, del hijo aún no nacido que dejó aquí, de cómo han vivido.
María se refugia en estas fantasías para mermar su dolor e imagina que su hombre volvió. Que no llegó, pero que volvió. María ahora ya no espera.

Ahora es Miguel el que cada día se acercaba a la roca donde pasó tanto tiempo su madre y con el sonido de las olas, sonido que conocía desde antes de nacer, Miguel sueña que un día llegará desde la línea, la hermosa línea que hace que se junten las aguas y las nubes, un hombre y en él reconocerá al padre que sunca tuvo.
Miguel sueña que los dos aprenden a quererse, que ya no importará haber sido uno de los muchos niños sin padre del lugar.
Cada tarde Miguel piensa en el que se fue y espera como antes esperó su madre, como otros niños sin padre, otras esposas sin esposo, otras madres sin hijos esperan y han esperado.

Estos son los pensamientos que se repiten una y otra vez. Los pensamientos que sabe que han tenido, que tienen las gentes del lugar.

Desde siempre los hombres han salido a buscar una mejor vida y ya sea trayendo los frutos del mar, ya en tierras lejanas más allá del mar y los hijos, las madres, las esposas han esperado, siguen esperando.

Algunos de estos hombres habían vuelto, unos con más fortuna que otros, pero todos con el dolor de la distancia, de la soledad, del cansancio marcado en el rostro.

María sabía de estas vueltas, retornos cubiertos de nostalgia, incertidumbre.
María conocía casos de mujeres que después de estar años esperando el regreso, añorando al marido ausente, habían tenido que empezar a conocer a quien ya conocían, habían tenido que aprender a amar a quien ya amaban.
Eran tantos los años pasados, los trabajos realizados que no siempre los hombres que volvían eran los hombres que habían marchado.
Eran tantos los años transcurridos que no siempre la esposa que encontraban era la esposa que se quedara.
María pensaba si cuando él volviera sería el que marchó, si también en él se habrían producidos los cambios que en los maridos de otras mujeres del lugar veía.
Y ella? Seguía ella siendo la que fue?

También Miguel pensaba en éso. Se preguntaba a menudo si algún día llegaría un hombre desde la línea diciendo que era su padre. Tal vez algún día llegara a tener un padre. Se preguntaba cómo sería, si amaría a su padre, si su padre lo amaría a él.
Como otros antes, ahora, y en el futuro, pensaba en estas cosas mientras miraba al horizonte desde la misma roca en la que se sentaba cada día.


En las oscuras noches de los largos inviernos, cuando no se podía ir a mirar el mar desde la roca, Miguel al igual que hacía su madre, al igual que hacían los demás lugareños, se encerraban en sus casa y al calor del fuego ocupaba las horas de la noche en pensar, en esperar.
A María y a Miguel, les había tocado vivir en una tierra donde los hombres se hacían a la mar. Tierra hermosa donde las haya, tierra de gente callada, de gente que nace sabiendo esperar.
En la tierra de Miguel y de María, los veranos eran apacibles y los inviernos eternos. Les había tocado vivir en una larga espera de que los que se fueron regresaran.
Así era la vida en la tierra en la que María y su hijo Miguel vivían.
Tierra de hombres que se iban... y, a veces volvían.

Mientras los hombres se fueran por el mar, las esposas, las madres, los hijos, seguirían mirando al horizonte.

Desorientada

Estoy perdida, desorientada. Una serie de cosas que me han pasado, me están superando, están exigiendo un gran esfuerzo mental por mi parte para poder entenderlas.
Creo que primero he de solucionar un montón de problemas referentes a la construcción de mi casiña, un tema este que pòr sí sólo, ya es para anular la ilusión de cualquiera.
Cada día pienso: dios mío, quién me mandó meterme en esto!!
La construcción de mi casa - más bien la no construcción - me está volviendo loca y además me ha privado de cosas que hasta hace poco eran de lo más importante en mi vida: me ha privado de la amistad de ciertas personas.

Cuando la casa esté terminada, para poder disfrutarla también tengo que centrarme, ubicarme y aprender a vivir con nuevos sentimientos, sentimientos que naceran en el vacío que dejarán sentimientos antiguos fuertemente arraigados que he de eliminar de mi corazón.

He de imitar a Andrés y hacer una gran limpieza de sentimientos, de recuerdos.

Sé que me va a resultar muy doloroso, ya que suelo entregarme en cuerpo y alma, ya que cuando quiero, quiero y cuando creo en alguien o en algo, creo.
Todas mis ilusiones,y muchas de mis creencias, se han desmoronado y he de aprender a valorar en su justa medida cualquier nuevo sentimiento que nazca en mi corazón.
Mientras esto ocurre, me siento sin ganas de hacer nada. No me apetece ni leer, ni escribir. No me apetece comunicarme practicamente con nadie.

Sólo espero que pase el tiempo y poco a poco vuelva la estabilidad a mi vida y entonces volveré a contar todo aquéllo que se me ocurra, procurando que sea más positivo que lo que pienso en estos momentos.
Un saludo a todos mis compañeros de aventuras blogueras.

...Y de nuevo empiezo

Andrés se ha levantado con la firme convicción de que hoy es un gran día.
Hoy Andrés quiere empezar a vivir la nueva y tal vez última etapa de su vida, y se va a preparar para ello.

Es día de limpieza, clareo y renovación.


VUELVO A EMPEZAR

Hoy he decidido hacer limpieza de casa, de recuerdos, de fantasmas.

Limpieza, clareo y renovación.
Quiero avanzar en mi vida, y la carga del pasado se refleja en todo lo que me rodea y no me deja. Demasiados recuerdos de tiempos pasados, a veces dolorosos, a veces felices, pero ya pasados.

Es hora de vaciar cajones, deshacerse de lo viejo, acomodar lo mínimo e iniciar el viaje hacia lo que me queda ligero de equipaje.

Con cada objeto tirado, es como un espacio libre en mi mente. Mi mente que ya no es tan clara, que está tan llena de achacosos recuerdos que no me queda en ella espacio para nuevos pensamientos.

Sí, hoy quiero liberarme de esta carga.
Grandes cantidades de libros que han de llenar de ilusión la vida de otros jóvenes a los que hará vivir aventuras, las mismas aventuras que yo viví con ellos.
Unas viejas postales descoloridas que me recuerdan un viaje ya olvidado.
Unos pañuelos que fueron pañuelos de estación y que ahora ya no sé a quien despidieron.
Todas estas pequeñas e inútiles figuras que ya han perdido su identidad; todo ha de ser quemado, para que el fuego suprima todo recuerdo que me ata al pasado y no deja que la nueva luz entre en mis pensamientos, en mi vida.

Hoy es día de limpieza de morada, de clareo de mente y renovación de ideas.

Cuando mi casa esté limpia de viejos, gastados y tristes recuerdos, entrará la luz, la nueva luz en forma de alegría con la que ella lo llenará todo.
Mientras hago sitio en mis cajones, noto cómo se aligera mi mente.
Con cada viejo elemento de dudoso valor decorativo que va desapareciendo de mi vista, un nuevo fantasma acusador se va de mi cabeza.
Sí, deshacerse de trastos inútiles ayuda a que desaparezcan los fantasmas que acosaban mi existencia y no me dejaban avanzar ni renovarme.

Tanto tiempo en el pasado no dejaba ver el futuro.
Con la luz que ella trae a mi vida, el presente es alegre, el pasado... un suave, cálido y leve recuerdo, el futuro,luminoso, cercano, atrayente.
Sí, hago limpieza...y de nuevo empiezo.

Estoy en el ocaso de mi vida y quiero que éste sea tan alegre, sereno y feliz como fue el pasado.
Me siento lleno de ganas de seguir, de vivir nuevas ezxperiencias, de compartir lo que tengo, lo que vendrá y, la alegría de empezar estará a mi lado.

Andrés a punto de inaugurar su sexta década, quiere tener nuevas ilusiones, nuevas prespectivas y cumplir añejos sueños, sueños escondidos en lo más recóndito de su ser, sueños que estaban esperando ser rescatados y realizados.
Ahora que Andrés no realiza ningún trabajo "renumerado" tiene tiempo, mucho tiempo y quiere vivirlo todo.

Andrés ha iniciado el otoño de su vida con la esperanza y alegría que le dan la luz de sus nuevos pensamientos

El sueño de Elena


Elena mira a sus amigas y sonríe feliz.


Realmente encuentra divertida la situación, ella ahí sentadita y sus amigas nerviosas y corriendo de un lado para otro en busca de un montón de cosas.
María no encuentra la diadema, Viky busca el lazo del vestido, Marta el ramo de flores y a Julia le ha desaparecido la carterita donde tiene los anillos.
Sí, Elena encuentra gracioso todo este remolino de idas y venidas de sus amigas.

Claro que antes de que esto empezara, ellas se pasaron el tiempo arreglando que su aspecto fuera impecable, que su vestido estuviera sin una sola arruga, que el velo encajara en el tocado, que no tuviera ni un pelo fuera de lugar.
Ahora ya casi estaban todas a punto.
Mientras acababan de componerse Elena pensaba que en un momento estaría dándole el "Sí, quiero" a Pedro.

Pedro era el chico más guapo del grupo, el que la hacía feliz. Con quien siempre había deseado estar.
Pedro es amable con todo el mundo, cariñoso con sus padres, alegre cuando están con el grupo, amoroso (muy "amoroso" cuando están solitos) y trabajador. Pedro es un amor; su amor.

Elena piensa que Pedro al igual que ella, quiere formar una familia, quiere tener hijos y una casa, una hermosa casa en las afueras, con un pequeño jardín que cuidarán los dos y en el que pondrán columpios y juegos para los niños.

Dentro de un momento se casarán y con su flamante marido irá a una isla maravillosa a pasar su luna de miel. Ella y Pedro solos y felices en una isla en la que harán el amor, pasearan, disfrutaran el uno del otro sin separarse ni un minuto.

Las amigas ya están preparadas; unas preciosas damas para acompañar a una preciosa novia.
María le coge la mano, Julia le estira el velo, Viky le da un montón de besos y Marta le dice que es la novia más bonita del mundo y así, juntas y felices se dirigen a la iglesia en la que se va a casar con Pedro.

Henchida de felicidad Elena mira a Pedro que nervioso la está esperarando guapísimo con su Smokin y al llegar junto a él,la recibe y de la mano la acerca al altar.



Elena es la mujer más afortunada del universo, imposible desear más: por fín consigue tener el sueño de su vida.
En unos minutos sonarán las campanas de boda.
Ya están sonando. Elena las oye y sonriendo y feliz, se da la vuelta y apaga el despertador.

Sí, Elena ha tenido el sueño de su vida.

 
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