Los Amigos de Mateo

Una mañana de otoño

Inés está sentada en su vieja mecedora. Hace frio en el porche, pero no importa, se arropa con la manta, la ya manida manta de cuadros que casi forma parte de ella. Mira a su hijo y nota cómo su corazón se enternece.
Lo ve jugando con los perros feliz y confiado y se siente orgullosa de él.

Inés recuerda los momentos de miedo, de angustia que pasó durante el embarazo.
Estaba siempre preocupada, todo le parecía que iba a molestar al bebé que llevaba en su vientre.

Odiaba los ruidos, los sobresaltos, todo lo que no fuera calma y silencio.
Siempre preocupándose a pesar de que todos le decían que todo estaba bien, que nada de éso le afectaba al bebé, que todo era normal, aunque entendían que su preocupación era algo habitual en las mamás primerizas.
Inés, futura mamá pensaba que no iba a ser capaz de ser una buena madre.

Inés veía ahora a su hijito y sonreía al recordar cómo se sentía cada vez que oía los perros ladrar o pelearse cuando algún perro ajeno se acercaba. Cuando esto sucedía, el alboroto era tal, que la pobre Inés creía firmemente que su bebé iba a nacer taquicárdico.
Y, es que Inés es un Angel de los Animales. Tiene con ella un asilo de perros. Unos están cojos, otros viejos, todos acogidos, encontrados por los montes, por las carreteras abandonados.

Envuelta en su manta ve cómo su niño ahora se sube encima de uno de ellos, ve cómo luego les tira de las orejas, cómo les agarra con su manita y trata de ponerlos en fila, como si pensara que son sus soldados y los quisiera poner en posición de firmes.
Ve cómo su hijo los quiere, y cómo es querido por estos animales que antes otros niños quisieron y luego los olvidaron.
Piensa Inés que han tenido suerte de tener todos estos animales que sólo ofrecen amor.
Algunos son más grandes que el propio niño, pero no importa; perros y niño están en el mismo plano y juntos pasan las horas.

Sí, Inés mira a su hijo y sabe que ya nada es como antes. Su hijito ha marcado una línea que divide su vida en un antes y un después. Un después que durará ya hasta que se muera. El resto de su vida Inés será la mamá.
Los mira, lo mira. Lo ve feliz, sano, confiado y piensa que tal vez sí es una buena mamá.

Inés piensa que debería de entrar, que hace mucho frio, que pronto vendrá su marido, que debe prepara la comida. Piensa en todo ésto, pero ve cómo su niño está feliz jugando con sus amiguitos y decide que bien vale la pena esperar un ratito.
Y así, feliz de ver feliz a su niño, espera en la vieja mecedora a que llegue el esposo y luego los tres juntos entran en casa.
Momento que todos los perros de la casa aprovechan para descansar.
Inés y sus amores se retiran, los perros buscan cada uno su rincón y deciden que una siesta les ayudará a recobrar fuerzas para cuando su pequeño amiguito salga de la gran jaula.

Cuando Mateo sea un hombrecito seguirá amando a los animales menos favorecidos, aquéllos que los demás han abandonado.
Así será Mateo porque así es su mamá.
Mateo vive el amor por sus amigos y con sus amigos.

16 comentarios:

Sara dijo...

Que entrañable historia de amor por los animales, por la vida, Una historia de ejemplo, una historia de verdadera amistad y en la que percibí ¿alguna seña de autobiografía? jejejeje

Precioso post Dianina, precioso, y que bien, soy la primera en dejar comentario, lo conseguí.............y por supuesto con el comentario va mi besito.
Muack

Isold (Tamboni) dijo...

Que historia mas bonita,casi me ha dado ganas de llorar.
Yo siento pasion por los perros y por los niños.
Un beso.

Anónimo dijo...

Hola.
Sariña, en este cuento, has leído bien: cuento (eres bien bicho, niña) todos ganan, verdad?
Mateo tiene un montón de amiguitos, su mamá puede seguir teniendo los perros y los perros los tienen a ellos.
Un biquiño también para tí, niña.
--Isold, graciñas por volver!
Supongo que lo de llorar era de alegría, verdad?
Como le dije a Sariña, todos eran felices gracias a todos.
Un bico y que sepas que te visito.
Diana

nosecomosoy dijo...

Buenas. Una madre es una madre aunque no sepa aun ser una madre.
Me alegro de que el niño no naciera taquicardico y puedan estar todos juntos.
Un saludo.
Te doy las gracias por estas historias tan bonitas.
N.M.C.N

Pablo dijo...

Sara lo expresó perfectamente: La palabra que mejor le va es "entrañable".
Al margen de que eres una artista y de que escribes de vicio, eres capaz de contar historias tan tiernas como ésta.
Por favor, no cambies nunca.
Muchos besos.

Diana dijo...

Hola.
-Gracias M.C.N. por tu visita. Sí, una mamá es una mamá aún sin saber que lo es.
--Plablo. Siempre tan amable!
Me alegra que te guste, como eres tan niño, seguro que te resulta fácil identificarte. Un besiño amigo.

Franziska dijo...

Por tus palabras rezuman los sentimientos. Es una bella y auténtica historia.

Un abrazo.

Franziska dijo...

Que todos tus días sean días de paz.
Que todas tus noches sean Navidad.
Que todos los días habites un niño.
Que seas feliz, que vivas dichosa.

Este es mi deseo para los trescientos
sesenta y cinco días de todos tus años.
Y añado, para los bisiestos, otro día más.

Una estrella deslumbrante avisa
la llegada de un Dios que es Amor
nacido para extirpar del corazón del hombre
la miseria del odio y de las guerras.

josé javier dijo...

Como siempre nos regalas un trocito de ternura... escrito con tu estilo especial y directo.
Un abrazo. J.J.

Diana dijo...

Hola
Franciska, mil gracias por tus hermosas palabras, por tu desos, que son los míos para tí y cómo no, para todos los/las amigas/os.

--JJ. Una historia tierna real como la vida misma, como la vida de Mateo y su mamá.
Un besiño amigo, felices fiestas.
Un biquiño.

Noche dijo...

Me haces añorar el deseo de ser mamá-...

Lindo Diana.


Feliz Navidad

La terapia de Rafaela dijo...

Amiga!!! he venido a desarte una Feliz Navidad en compañía con tu familia, espero continuar esta bonita relación bloguera en el 2009 y que podamos compartir como hasta ahora nuestras historias.

bss rafaela

josé javier dijo...

Que el Espíritu de la Navidad te acompañe en estos días a tí y a los tuyos.
Un abrazo. J.J.

Diana dijo...

Hola
--Noche cariñín! Verás que bueno cuando seas mamá, verás que sí.
--Rafaela, mis más cariñosos deseos para tí y por supuesto que seguiremos leyendo nos. Yo no siempre sé qué decirte, pero sí que leo lo que escribes y me deja siempre con ganas de pensar, con dudas o con., uhy, es que escribes cada cosa, que me sorprende.
--JJeres un cielo.
Para todos unas felices fiestas y que nunca peor sean,
Un besazo.
Diana

Edy dijo...

Bonita historia. Siempre me ha parecido que los perros son los mejores amigos del hombre: nada piden, nada reclaman, aunque los echemos de mala forma, siempre estarán allí, moviéndonos la cola. Ese cuadro, Mateo, mamá, papá los perritos es revelador.

Saludos.

Anónimo dijo...

Las medicinas pueden ser necesarias.Las flores alegran el corazon.Pero tus cuentos son el mejor reconstituyente.Margarita

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