Por Israel

El Camino hacia Jerusalén

Después de los días impresionantes que habíamos pasado en Egipto, nos dirigimos a Al- Hijâz (Eilat), una ciudad que bien podría ser Coruña, bonita, alegre y ruidosa (al menos en el puerto), donde de repente te olvidas que estás en Oriente.



Allí alquilamos un coche y nos encaminamos a Jerusalén pasando por:

--Un lugar espectacular llamado CRÁTER RAMÓN, donde al llegar nos regalaron unos tubos de ensayo (no seáis mal pensados) para que los llenáramos con la arena de las montañas de los distintos colores y evitar así que el personal llenara botellas de agua enormes, ya que de lo que se trata es de traernos un recuerdo, no toda la montaña. Ahí quedan estas fotos.





--Siguiendo nuestro camino, paramos en un lugar llamado Evclat en el que había un oasis, con un acceso impresionante.
Allí pasé algo de miedo por sus escarpados precipicios, era de difícil acceso pero al llegar abajo aparecía un rio que no se sabía de dónde salía, en pleno desierto. Más que bello, era sorprendente.



--Masada, uno de nuestros lugares elegidos por su historia.
Masada es la montaña en la que se encuentran los restos del castillo de Herodes, sí, ése que decidió acabar con los primogénitos varones nacidos en los mismos días que Jesús, recordáis?
Subir al castillo fue un acto de fe. Ved cómo una caja de madera en un armazón de cuatro hierros subía casi hasta el cielo. Para mí que este rey quería estar cerca de las estrellas o tal vez sabía lo malo malísimo que era y no quería que nadie accediera a su casa. Mirad qué fotos! como para subir andando en un día de calor!







--Camino de otro punto sumamente esperado, pasamos por delante de donde los libros dicen que Rakel, la esposa de Lot, se convirtió en estatua de sal por ser cotilla y mirar hacia atrás para ver cómo acababa la fiesta de Gomorra y Sodoma, a pesar de que le dijeron por activa y por pasiva que no lo hiciera.

Seguimos mirando muy tiesos hacia delante, por si las moscas, y después de comer llegamos al... Mar Muerto!! !Guau!
Alucinante. Es como lo cuentan, te sientas en el agua como si de una silla se tratara, te puedes acostar y mirar el azul del cielo, puedes echarte de lado y dedicarte a pensar en qué cosas tiene la vida, mi madre, qué cosas!! Me hubiera quedado a vivir en el agua, de repentente sentí que pesaba 20 kilos menos! !Quiero volver!







Bien, después del baño y de hacernos un peeling con el barro negro del mar, algo que es como una tradición y que te deja la piel de un suave que ni te lo crees, nos encaminamos a Jerusalén, punto culminante de nuestro vieje a Israel.

Ya estamos en pleno Israel y ya se nota que la gente es como más seria, "rarita", viendo cosas como muchísima gente con armas, incluso llevando en una mano un fusil y con la otra agarrando a un niño de pocos años. Sí, es un poco rarilla la gente.
Jerusalén es un mundo.
Queda para mañana.

Nota: Si queréis ver más e impresionantes fotos, acceded a la galería de fotos en Flickr

3 comentarios:

verdial dijo...

Que alucinante Diana, imagino lo que sería bajar al oasis y subir al castillo de Herodes. Np imaginaba que estaría tan alto, al ver las fotos he caído en por qué en los belenes siempre se sitúa el castillo en lo más alto de las rocas.
Y el mar muerto, que divinidad poder flotar así...
Lo que no me ha gustado ha sido, como tú dices, lo "rarita" que es la gente. Que miedo.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Has vuelto, Diana. Me alegro de que lo hayas hecho y vaya manera de hacerlo!
Qué fotos tan divinas! Qué viajes te has marcado, olé por tí.
Yo también creo que los judios son gente cuando menos "rarita"
Pero qué le vamos a hacer, en esta ocasión estaban en su tierra y hay que respertarlos.
Bienvenida y no vuelvas a desaparecer.
Un saludo a los compas.
Ana

Pablo dijo...

Hola, Diana:
Siempre es un placer leerte, y más cuando nos traes el relato de un viaje tan alucinante como éste.
Un beso enorme.

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