Federico

Y Federico conoce a César

Cada día al salir de trabajar atraviesa el parque. Cada día hace el mismo recorrido.
Hacer este camino le da fuerzas para soportar la rutina del trabajo, pensar en el momento de llegar al parque y verlos, le da ánimos para terminar la jornada un día tras otro.
Federico como cada día se dirige hacia la zona donde están los columpios, los toboganes, las cadenas...; todos ésos cachibaches en los que los niños se entretienen y dejan por un rato tranquilas a las mamás.
Allí, delante de los juegos, se queda mirando para él, lo ve jugar con los otros niños, ve cómo todos los días juega con sus amiguitos y, cómo a veces se acerca a algún niño nuevo y hace amistad con él.
Esto alegra a Federico y le da oportunidad de preguntarse cada día con quién estará hoy, si habrá alguno nuevo, si estará con los de siempre. No es que importe, pero hace más entretenida la estancia y más variados los recuerdos de Federico.
Lleva dos años viéndolo, dos años en los que ha pasado de ser un niño pequeño a ser un muchachote de siete años, que se suelta de la mano de su mamá y se va corriendo a buscar a sus amiguitos a su zona.
Sí, el niño es muy sociable, por éso no le resultó muy difícil hablar con él. Él no sabe nada de niños, pero con éste parece entenderse
Sintió que le agradó, y podría oirle decir las cosas tan absurdas que decía todo el día.

Federico siempre está pendiente del niño... y de la mamá.
La mamá! qué guapa que está! Cómo se le parece César (sabe que se llama César desde que los encontró, cuando reconoció la voz al oir como lo consolaba porque que se había caído y lloraba)
Sí, César se parece a su mamá y a alguién conocido, pero es incapaz de saber a quién.

Federico llega a su casa y después de asearse y cambiarse de ropa, se acomoda en el sofá y mientras ve una película piensa en César y en su mamá.
Le da vueltas una y otra vez al mismo tema desde hace varias semanas. No quiere dejar pasar más tiempo.
Sigue sin saber a quién le recuerda el niño, pero no tiene la menor duda de que César se parece muchísimo a alguien muy conocido.
Como desde hace un par de años, Federico se queda dormido en el sofá y como desde entonces no quiere ir para el dormitorio; se le ha quedado grande, se siente más cómodo en la pequeña salita.

Ahora puede pensar en ellos, recrearse con el recuerdo de lo hecho por César en el día, de las riñas con los amiguitos, de las risas al bajar por el tobogán. Cierra los ojos y ve la cara de velocidad, de felicidad cuando ella le empuja en el columpio y él le pide : más fuerte mamá, más fuerte

Antes Federico se quedaba en silencio durante horas pensando en ellos y éso hizo que su esposa empezase a tener sospechas, celos, a sentirse excluída de su vida.
Federico había llegado a un punto en el que sólo quería estar a solas para recordar lo que había visto en el parque, imaginar lo que vería mañana y soñar en lo que podía haber sido. Qué bueno sería que César fuera su hijo! Cómo le gustaría ser el marido de Elena.
Sí, Federico ya no tenía interés en nada que no fueran ellos y su esposa acabó pidiendo la separación.
Él accedió y ahora se quedaba noche tras noche dormido en el sofá, con la imagen de ella en su retina, con su deseo en la cabeza, con sus sueños en el corazón. Con la esperanza de verlos al día siguiente.
Federico sabía que existía la posibilidad de que un día atravesara el parque y no los viera.
Sólo imaginarlo le helaba la sangre, le encogía el corazón.
Cada día al volver a verlos, se le escapa un suspiro de alivio y allí se queda, mirándolos y pensando.

Piensa en hace tantos años, siete, tal vez ocho, cuando se conocieron.
Compartieron el último año de universidad, salieron juntos y un día, después de una fiesta en la que todos se habían pasado con la bebida, hicieron el amor. Bueno, éso creer recordar él, pero la verdad es que igual sólo se lo imaginó, ya que siempre estuvo secretamente enamorado de ella y era lo que deseaba cada vez que la miraba.
Luego llegaron los exámenes, el final de carrera y cada uno de los del grupo se fue a buscar la vida como pudo.
Él se fue a Madrid al igual que otros compañeros. Algunos se fueron al extranjero e incluso hubo quien se quedó en la pequeña ciudad en la que estudiaron.
Ése fue el caso de Elena, allí había nacido, allí estudió, allí se quedó.

Él nunca más había sabido de ella, sí es verdad que al principio la había añorado, pero el tiempo y la nueva novia ayudaron a que la olvidara.
A olvidarla hasta que un día la vió por casualidad y se quedó allí plantado, viendo cómo mimaba, cuidaba y consolaba a un niño que lloraba porque se había caído.
Desde ese día no había vuelto a dejar de pensar en ella. Pensaba que estaba preciosa, que era una gran madre, que seguramente era una gran esposa.
Así llevaba algo más de dos años y ya no quería seguir.

Y Fedrico habla con Elena

Es un nuevo día, y como siempre Federico va al trabajo y sólo espera el momento de salir para volver al parque.
Hoy Fedrico está más nervioso de lo normal, hoy Fedrico va a ir a la zona de juegos del parque, pero no se va a esconder, va a observar al niño y a la mamá y aunque no sabe cómo, les va a hablar.
Está seguro de que ella lo recordará, sabe que han pasado muchos años, pero no cree que haya cambiado tanto como para que ella no lo reconozca.

Federico nervioso se acerca a ella. Aunque no lo parece, tiembla como un flan.
Lleva mucho tiempo pensando en este momento y le teme.
Teme que sus deseos, que sus sueños se hagan realidad. Teme que sus deseos, que sus sueños no se realicen. Teme que todo acabe, teme que no haya nada que se pueda acabar.

-Hola Elena, me recuerdas?

Ella se da la vuelta y al principio no sabe quien es el que le ha llamado por su nombre, pero enseguida se da cuenta y con alegría y sorpresa le contesta:
-Hola Fede, cuanto tiempo!
-Sí, mucho, pero viéndote se diría que han sido días: estás preciosa.
Elena se sonroja y mirando a Federico le viene a la memoria todo lo vivido con Fede hace tantos años.

-Fede, tú siempre tan amable.
-No, al verte, se diría que fue ayer cuando acabamos la carrera. Estás igual.
-Ya. Y, cómo te va?
-Bien, me va bien, trabajando. Cómo te va a tí?
-Pues, bien... Ya ves, muy bien.

Elena se pone nerviosa, no entiende qué hace Fede delante de ella, de ellos. No está segura de querer seguir hablando con él, le asusta verlo así, de repente, sin aviso, sin mentalizarse, así que para darse tiempo, le dice que es hora de marcharse.
Le dice que se alegra de verlo, a ver si alguna vez vuelven a coincidir.

En este momento, César se acercó y con la urgencia propia de un niño pidió, como si se acabara el mundo, que se le prestara atención.
Momento que aprovechó Elena para despedirse y para sin saber que no era algo raro, se preguntara si él volvería a pasar por el parque.
-Bueno Fede, encantada de verte, como ves, ahora tengo prisa.
- Ya veo, tienes un hijo muy guapo.
-Gracias, sí, es muy lindo. Bueno, lo siento, me voy. A ver si volvemos a encontrarnos.
-Claro, me gustará volver a veros. Adios César.
Fede no sabe qué decir para retener a Elena, no sabe cómo decirle que lleva dos años viéndola, viéndolos.
Y, así, sin saber qué decirse, se separan.
Federico nota cómo el mundo se le cae encima, cómo parece que el suelo se abre y cae a un pozo,,,. Nota cómo ha perdido la oportunidad de estar con Elena, con el niño.
Se queda allí, quieto, sin reaccionar. Piensa que es la segunda vez que se separa de Elena y que esta vez es más grave.

Y Elena decide


Elena llegó a su casa y una vez acomodado el niño, se sintió extrañamente triste y al rato de pensar en la casualidad del encuentro, se preguntó si Federico se fijaría en el niño.
Elena se da cuenta de que Federico casi no ha cambiado desde la última vez que lo vio. Tal vez un poquito menos de pelo y algo más barriga.
No, éso es una tontería, sigue igual. Pero no importa, no va a volver a verlo, porque un encuentro casual, no va a alterar su modo de vida. No volverá al parque, no a ese parque.
Él no tendrá oportunidad de fijarse en César. No, mejor que no vuelvan a encontrarse, por el bien de todos.
Elena no va a permitir más cambios drásticos en su vida.
Elena quiere vivir en paz con su hijo.
Su hijo, sólo hijo de ella, de nadie más
Elena no va a cambiar los últimos ocho años de su vida por los últimos ocho minutos.
Sí, Elena y César seguirán con su vida.

29 comentarios:

PEDRO DELGADO dijo...

-¿A donde vas tan corriendo?
-A ningún sitio
-Pues date más prisa no vayan a cerrar.

¡¡¡Que idiotez!!! para decirte que ya te visitaré para leer tu nueva entrada. Ahora tengo prisa. Sólo decirte que pases por mi blog, cuando puedas, para retirar un regalo mu chiquenino.

Sara dijo...

Hola Diana!!!que historia más bonita has escrito y con que elegancia y sentimiento...me has tenido en ascuas hasta el final!!! como siempre claro está!!!! sea acertada o no es la decisión de Elena, ella decide!!! me hubiera gustado otro final, pero...de todos modos...me gusta también este final, me gustan tus relatos, me gusta como los cuentas, me encanta leerte amiga!!!
Un abrazo

Diana dijo...

Hola
--Pedro, grcias por pasarte, aunque sea de forma tan fugaz. Mis cosas y yo te esperamos hasta que tengas tiempo de volver.
Un bico.
-- Sarina, siempre me dices cosas muy gratas.
Cómo te hubiera gustado que acabara la historia de estos dos seres perdidos?. Mañana Federico volverá a atravesar el parque, llegará a la zona de juegos y....
Ponle un final Sara. El final que crees que se merecen.
Un millón de bicos.
Diana

Diancecht dijo...

Bueno, al final te vas a volver "rabudiña" tú también. Federico volverá a su vacío sofá, su vida quedará vacía también pero me queda la curiosidad del miedo de Elena ...

Diana dijo...

Hola Dian.
Espero que tus previsiones no s cumplan, entre dos que bien se quieren, con uno que sea rabudiño, llega. (es broma)
Sí, Fede volverá a su frío sofá y a su vida vacía... al menos esa tarde así fue.
Un biquiño viajero.
Diana

Sara dijo...

Tú ya sabes!!! que se den la oportunidad de continuar el viaje juntos, ese viaje en el que un día sus caminos se separaron...por tantas cosas!!! pero juntitos los tres Diana, que lo intenten jajajajaja. En serio!!!la termines como la termines será estupenda, como todo lo que tú escribes.
Un abrazo

Pablo dijo...

Muy bonito.
Como siempre, claro.
Como ya se comentó antes, otra vez conseguiste mantenernos con la duda hasta el final. Y ahora ya sabemos lo que Federico no llegará a saber nunca...
¿O tal vez sí?
Un beso.

mariajesusparadela dijo...

En mi pueblo hay una señora tan despistada, que un día se dió la vuelta para saludar a alguien muy conocido con el que se había cruzado y...se encontró con un espejo. Pero, Fede no sabrá que es un espejo, algunos hombres son muy lentos...
Bonitísima historia.

El Diablo Des. dijo...

A mi me parece que si dejas ver el final desde un poco antes. Todo lo demás me ha gustado. En cuanto a lo del final, me gusta mucho que se quede así. Sin que le agregues conclusiones, cada quien que lo finiquite como guste.


Saludos.

Diana dijo...

Hola Sarina, tú siempre igual. De verdad que el cariño es bien ciego!

--Pabliño, verdad que lo sabemos?. Pues claro que lo sabemos.
Un biquiño amigo.

--Maria Jesús, eres de mi pueblo?, porque éso me pasa alguna que otra vez a mí.
Claro que a Federico lo que le falta es visión de pasado.
Graciñas por tu visita.
Me alegro de conocerte y ya he visitado tu blog.
--Diablillo, qué es lo que te ha gustado y lo que no te ha gustado? No soy capaz de aclararme.
Lo siento, no he dormido y estoy casi tan espesa como Federico.
Un biquiño Diablo.
Desde Coruña un biquiño para todos.
Diana

MIRACHE dijo...

Diana, leer tu blog es inyectarse de cosas maravilosa y de pasarla de poca madre...O sea muy bien

seguiré leyendote

Mirache

joan dijo...

Hola Diana, no soy de los que les gusta la lectura, pero asi, con estas historietas cortas , no puedo empezar y dejarlas a medias, a ver si al final me acostumbraré a leer ??
Me ha gustado, aunque el final, que pena, con lo bonito que podria haber sido.

Saludos

Diana dijo...

Hola
--Mirache, bienvenido.
Muchas gracias por tu visita y por tu comentario.
He "paseado" por tu blog y éso sí que es un blog.
Tienes unos posts divinos.
--Joan, sería la leche que te gustaran mis relatos, cuentos o historietas(da igual cómo se le llame a lo que escribo)
Sí, sería genial que gracias a ellas te aficionaras a leer entre pedaleo y pedaleo.
Un biquiño para los dos desde Coruña.
Diana

La terapia de Rafaela dijo...

Hola Diana: he pasado por tu otro blog, y no he sido capaz de encontrar donde dejar comentarios.
Pero de dónde sacas tanto tiempo???
escribir estas historias maravillosas, lo niños, y hacer una casaaaaaa!!! madre mía, yo apenas voy haciendo cambios en la mia (como organizar los libros y me tiré todo el fin de semana) sin dejar que pasen obreros que eso ya es... para escribir un cuento.

bss

Noche dijo...

Hola Diana!...he estado un poco ausente estos días, pero ya estoy de vuelta!..

Como siempre tu relato, excelente..deja la expectativa de crear un final feliz..

Un abrazo

MIRACHE dijo...

gracias por pasar por el blog, seguimos visitandonos

saludos desde mexico
carlos

Diana dijo...

Hola
Rafaela, el tiempo! No sé, tal vez es que deja de hacer otras cosas.
De todas las formas "mis niños" ya no son tan niños y a mí poco tiempo me quitan.
Los obreros?, de éso mejor ni hablamos.
-Noche, bienvenida de nuevo. Me pasé por tu blog y me encantó leer lo que me faltaba, es muy bonito, pero que mucho!
-Mirache, me ha encantado conocer tu espacio.
Un biquiño para los tres desde Coruña.

Céfiro dijo...

[...] Viendo caer las primeras hojas del otoño se dió cuenta de lo triste que es la vida sin conocer la verdad... y ocultándola.
Elena se sentó y perdida en un café humeante decidió volver a hablar con Federico.
No cambiaría su vida, el amor dejó paso al cariño y este al inocuo recuerdo; no había un futuro para ellos, no había un Ellos... pero Cesar tenía derecho a conocer a su padre y, por qué no, quererlo.




Gracias por visitarme y discúlpame que me tome la libertad de escribir aquí el final que me asalta al leer tu bonito cuento.

Salud.

Diana dijo...

Hola.
Céfiro ha sido un placer para mí visitar tu blog, un placer que tengo la intención de volver a darme.

...viendo caer las ojas en una tibia tarde de otño, Elena pensó en otra tarde parecida años ha y, al igual que en aquélla, se preguntó quién era para alterar el destino de nadie. Quién era ella para arriesgar la paz y la felicidad conseguida para ella y para César.
En una tarde de otoño viendo caer las hojas de los árboles en un nuevo parque, pensó en el pasado y aceptó su futuro.

Un biquiño Céfiro y gracias por el posible final.
Me encanta.
Me encanta el final que le has dado y me encanta que lo hayas hecho.
Desde Coruña.
Diana

josé javier dijo...

Hola, Diana. Gracias por tu cálida acogida. Siempre es grato saber que se te guarda la ausencia...
Por cierto... entrañable historia. ¿Sabes? Helena le dirá a Federico que es el padre de Cesar... seguro.
Un beso. J.J.

PEDRO DELGADO dijo...

"Más vale tarde que nunca"

Por fin he terminado con todo lo pendiente y no quería dejar pasar más tiempo sin leer tu nuevo relato.

Me ha encantado como siempre: emoción , intriga, etc.. pero este final... El pobre Federico... Aunque si tiene la mala le.. que uno que conozco, de ingual nombre, se le emplea muy bien.

Saludos flamencos desde Cáceres.

Diana dijo...

Hola
J.J. cómo no darte la bienvenida con lo que te hiciste esperar! Cada día miraba y cada día me moría de envidia: tus vacaciones eran eternas!
Bueno, xa estás aquí!
De veras crees que Elena volverá al antiguo parque?
No sé, tal vez, ella, sólo ella lo decidirá.
Un biquiño Jose Javier.

--Padro, me alegra que ya no estés tan estresado.
Sólo Elena conoce sus pensamientos, sus intenciones, si es que ya ha tomado alguna decisión, no olvides que fue una sorpresa el encontrarse con Fede después de los años, después de lo que parecía una eternidad.
Bueno, sea lo que sea lo que Elena decida, será bien decidido. Ya tomó otras y fueron bien tomadas.
Un bico chico flamenco.
Diana

MARNIE dijo...

Pues yo me quedo con Cesar!!!, el no aún no ha empezado su historia que, seguro, algún día tendremos la suerte de leer escrita por Diana....
tu vecina atlántica
Marnie

Voroperez dijo...

Hola Diana,
gracias por esta nueva cápsula de sentimientos que nos regalas.
Cuantas veces en la vida tomas decisiones basandote en el calor del momento, y más tarde, vistas con perspectiva, producen en nuestra vida unos cambios que no eran los deseados.
Sigue así

Mediterráneo dijo...

Hola, Diana.

Hacia tiempo que no me pasaba a verte,(el verano que lo trastoca todo) ya estamos de vuelta a la normalidad, lo cotidiano... que no se convierta en rutina, que no es lo mismo.

Buenisimo tu relato. Un beso grande

verdial dijo...

Por la experiencia que me ha dado la vida, sé que esos caminos de nuestra existencia, que recorremos de la mano de otras personas, a veces llegan a un punto en los que cada uno toma una bifurcación distinta, para seguir caminando solos y luego, en otra bifurcación volver a juntarse.
Nuestros sendero no es lineal, lo mismo que no es lineal la relaciones con las que convivimos.

Elena y Federico sabrán el momento en que viven y como tienen que actuar.

Un cuento precioso y con parábola.

Un abrazo

santiago dijo...

leerte es adentrarse en tus maravillosas historias.
un placer pasar por tus letras

Noche dijo...

Hola Querida Diana...te tengo un pequeño encarguillo en mi cuevita, pasa a leerlo :)

un Abrazo cariñoso

Sirena Varada dijo...

Diana, qué buen rato he pasado leyendo este relato, en el que lo absurdo iba cobrando sentido y sin poder adivinar cómo podría terminar. De hecho tus finales son siempre una sorpresa.

Y hablando de finales,en ”Finaliza la acampada” ¿la historia continuará?, me tienes en ascuas.

Por cierto, sí que me gustaría acercarme a tu tierra (lo de acercarse es un decir: estoy a mil kilómetros); que los gallegos sois de lo bueno lo mejor y así aprovecharía para que me des una lección de cómo escribir. Pero de momento tendré que esperar... dirán que me paso la vida viajando y que no doy ni chapa (y van a tener razón)

Un beso mi gallega favorita

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