Y finaliza La Acampada


Fue en "La Excursión", donde Cosme y su amigo nos hicieron pasar unas horas de angustia cuando en su parada a descansar en un lugar idílico se encontraron con un destino inesperado.
Algún tiempo tiempo después, en el mismo entorno, cuatro amigos, Marta, Susana, Jorge y Marcos se proponían pasar un agradable fín de semana "De Acampada", cuando apenas llagaron todos sus planes fueron alterados.

Marta vive unos momentos de angustia, momentos de los que Susana se mofa un poquito, pues no entiende el porqué del susto de Marta.

Por su parte Jorge se obsesiona con el cuaderno-diario de un viaje que encuentra en las inmediaciones del lugar en el que van a encender la hoguera.

Y así es cómo los cuatro viven La Acampada.

Y los cuatro gritan

Mientras Jorge sigue leyendo y Marcos que ya se ha olvidado de las muchachas, de la cena y está extasiado oyéndole, llegan sigilosas las chicas que queriendo darle sus novios un pequeño susto son a su vez asustadas por la reacción que ellos tienen y, ni el grito unánime de los cuatro no les impide oir el alarido lastimoso que un perro herido y hambriento ha emitido muy cerca ya de los cuatro en ese mismo instante.

Los cuatro amigos se miran, todos son conscientes del susto que se han llevado, de lo nerviosos que están. Un poco histéricos se ríen y piensan que están pasados, que no hay motivo alguno para asustarse de ésa forma. Piensan que estando juntos, nada malo puede pasarles. Se miran y miran el entorno, y se preguntan porqué no van sentirse bien en un lugar tan maravilloso.

Hacen la cena y mientras cenan, vuelven a oir a los perros ladrar, momento que aprovecha Marta para contar lo que le pasó, guardándose muy mucho de decirles el miedo tan grande que sintió.

Jorge les cuenta que ha encontrado el diario de alguien (suponen que era un chico, por la ropa y el calzado que ha encontrado tirado) . Ése alguien cuenta que la parada a descansar no está siendo como esperaba que fuera, que se va a buscar a un amigo que se alejó y no vuelve.
En este punto se acaba lo escrito, las hojas están rotas, algo quemadas y la tinta corrida porque se ha mojado.

Y, así pasan unas horas y ya cansados deciden acostarse cada pareja en su tienda.

Las chicas están aún bastante asustadas y tienen miedo, los chicos nunca lo reconocerán pero tampoco las tiene todas consigo.

Con este panorama (Marcos ya sabe que esa noche... na de na...), deciden dormir juntos los cuatro en la misma tienda.

No duermen; imposible, cada vez que oyen un ruido, por pequeño que sea, se sobresaltan y se mantienen alertas. Así es que cada vez están más nerviosos.

Pasan las horas y por fin el cansancio puede con ellos y van cayendo en un agitado sueño.

Y los perros luchan

Mientras, no muy lejos, unos perros heridos y hambrientos intentan soltarse de las cadenas con las que están atados y escapar del alambrado en el que unos viejos cazadores los han abandonado hace ya mucho tiempo.

Sus ladridos rompen el silencio de la noche y traen desasosiego a todos los moradores de la comarca.

En su empeño en soltarse se hieren, en sus pretensiones de escapar agotan sus fuerzas, pero siguen intentándolo; saben que otros lo han conseguido. Saben que si no lo consiguen morirán de hambre.

Sólo han comido los restos de un cuerpo que se precipitó y cayó a sus pies. No les resutó fácil pues era poco alimento. Éso sólo no les llega; han de encontrar comida en algún lugar y, la han de encontrar rápido.

En los días que llevan atados y encerrados, ya han muerto más de la mitad, pero algunos han conseguido soltarse, romper la alambrada y salir.

Y Susana la encuentra




Los cuatro amigos rendidos e inquietos siguen durmiendo.

En este momento, Susana se despierta por una inoportuna necesidad fisiológica. Para no despertar a los amigos, sale de la tienda en silencio y sin encender la linterna. Un error, pues apenas se ha alejado cuando tropieza con algo, algo que hace que caiga de bruces .
Allí, caída en el suelo y a oscuras, tantea el terreno para saber con qué ha tropezado, cuando toca un cuerpo peludo, tibio e inerte.

Ha caminado mucho, está hambienta, cansada y herida, pero sigue adelante. Ha visto a los muchachos, pero sabe que se morirá antes de hacerles daño. Nunca podría hacer daño a los chicos, chicos que son iguales a los que en otros tiempos la tenían en brazos, la mimaban, jugaban con ella y por ella se dejaban querer.

Ella sabía que no, que prefería morirse.

Y... tal vez lo mejor que le podía pasar era éso: morirse.


Fue en "La Excursión", donde Cosme y su amigo nos hicieron pasar unas horas de angustia cuando en su parada a descansar en un lugar idílico se encontraron con un destino inesperado.
Algún tiempo tiempo después, en el mismo entorno, cuatro amigos, Marta, Susana, Jorge y Marcos se proponían pasar un agradable fín de semana "De Acampada", cuando apenas llagaron todos sus planes fueron alterados.

Marta vive unos momentos de angustia, momentos de los que Susana se mofa un poquito, pues no entiende el porqué del susto de Marta.

Por su parte Jorge se obsesiona con el cuaderno-diario de un viaje que encuentra en las inmediaciones del lugar en el que van a encender la hoguera.

Y así es cómo los cuatro viven La Acampada.

Y los cuatro gritan

Mientras Jorge sigue leyendo y Marcos que ya se ha olvidado de las muchachas, de la cena y está extasiado oyéndole, llegan sigilosas las chicas que queriendo darle sus novios un pequeño susto son a su vez asustadas por la reacción que ellos tienen y, ni el grito unánime de los cuatro no les impide oir el alarido lastimoso que un perro herido y hambriento ha emitido muy cerca ya de los cuatro en ese mismo instante.

Los cuatro amigos se miran, todos son conscientes del susto que se han llevado, de lo nerviosos que están. Un poco histéricos se ríen y piensan que están pasados, que no hay motivo alguno para asustarse de ésa forma. Piensan que estando juntos, nada malo puede pasarles. Se miran y miran el entorno, y se preguntan porqué no van sentirse bien en un lugar tan maravilloso.

Hacen la cena y mientras cenan, vuelven a oir a los perros ladrar, momento que aprovecha Marta para contar lo que le pasó, guardándose muy mucho de decirles el miedo tan grande que sintió.

Jorge les cuenta que ha encontrado el diario de alguien (suponen que era un chico, por la ropa y el calzado que ha encontrado tirado) . Ése alguien cuenta que la parada a descansar no está siendo como esperaba que fuera, que se va a buscar a un amigo que se alejó y no vuelve.
En este punto se acaba lo escrito, las hojas están rotas, algo quemadas y la tinta corrida porque se ha mojado.

Y, así pasan unas horas y ya cansados deciden acostarse cada pareja en su tienda.

Las chicas están aún bastante asustadas y tienen miedo, los chicos nunca lo reconocerán pero tampoco las tiene todas consigo.

Con este panorama (Marcos ya sabe que esa noche... na de na...), deciden dormir juntos los cuatro en la misma tienda.

No duermen; imposible, cada vez que oyen un ruido, por pequeño que sea, se sobresaltan y se mantienen alertas. Así es que cada vez están más nerviosos.

Pasan las horas y por fin el cansancio puede con ellos y van cayendo en un agitado sueño.

Y los perros luchan

Mientras, no muy lejos, unos perros heridos y hambrientos intentan soltarse de las cadenas con las que están atados y escapar del alambrado en el que unos viejos cazadores los han abandonado hace ya mucho tiempo.

Sus ladridos rompen el silencio de la noche y traen desasosiego a todos los moradores de la comarca.

En su empeño en soltarse se hieren, en sus pretensiones de escapar agotan sus fuerzas, pero siguen intentándolo; saben que otros lo han conseguido. Saben que si no lo consiguen morirán de hambre.

Sólo han comido los restos de un cuerpo que se precipitó y cayó a sus pies. No les resutó fácil pues era poco alimento. Éso sólo no les llega; han de encontrar comida en algún lugar y, la han de encontrar rápido.

En los días que llevan atados y encerrados, ya han muerto más de la mitad, pero algunos han conseguido soltarse, romper la alambrada y salir.

Y Susana la encuentra





Los cuatro amigos rendidos e inquietos siguen durmiendo.

En este momento, Susana se despierta por una inoportuna necesidad fisiológica. Para no despertar a los amigos, sale de la tienda en silencio y sin encender la linterna. Un error, pues apenas se ha alejado cuando tropieza con algo, algo que hace que caiga de bruces .
Allí, caída en el suelo y a oscuras, tantea el terreno para saber con qué ha tropezado, cuando toca un cuerpo peludo, tibio e inerte.

Ha caminado mucho, está hambienta, cansada y herida, pero sigue adelante. Ha visto a los muchachos, pero sabe que se morirá antes de hacerles daño. Nunca podría hacer daño a los chicos, chicos que son iguales a los que en otros tiempos la tenían en brazos, la mimaban, jugaban con ella y por ella se dejaban querer.

Ella sabía que no, que prefería morirse.

Y... tal vez lo mejor que le podía pasar era éso: morirse.

Sí se moriría y lo haría al lado de los chicos, y así recordar su feliz infancia pues aunque la separaron de su mamá, siempre tuvo amor, el amor de los pequeños humanos.

Ella no haría lo que los demás, aunque entendía que los jóvenes se dejaran llevar por el instinto de supervivencia y se alimentaran con aquéllo que encontraran. Ella no pudo evitar que comieran al joven caído. No habría servido de nada enfrentarse a los compañeros de penurias.
Cuando llegó el segundo ya todos estaban enloquecidos y sólo querían mitigar su dolor, dolor producido por la falta de alimento, por la falta de libertad, por las heridas causadas al intentar soltarse.

Fue en ese momento cuando decidió alejarse y esperar su final.

Ahora al cabo de los días otros jóvenes volvía a estar a merced de los que consiguieran soltarse, motivo por el que había intentado avisar a la pequeña humana, la había instigado para que se volviera y no se acercara al peligro.

Se imaginaba que habría más, pues ella sabía que los humanos siempre iban acompañados, así que la siguió para ver si estaban todos lejos y cuidarlos en lo posible de sus fuerzas.

Cuando los jóvenes se metieron en su casa, ella más muerta que viva se acercó y sólo esperaba morir cerca de ellos y al calor de lo que quedaba de la hoguera.

En éso estaba, esperando la muerte cuando algo tropezó con ella y le cayó encima.

Era una de las chicas. Se asustó tanto que no pudo ni gritar. Mejor así, pues los demás estaban bastante cerca y la hubieran oído. Estaba pensando qué hacer para evitarles un final como el de los otros. Mientras, se acurrucó cerca de la muchacha desvanecida para darle calor.

Las fuerzas estaban abandonándola. Tenía que pensar de prisa, tenía que conseguir que se fueran antes de que los otros los encontraran.

La muchacha estaba caída a su lado, le daba calor y sus viejos y descarnados huesos lo agradecían.

- Es ésta una buena forma de morir. Creo que pensaré en la forma de avisarlos y me dejaré ir.

Sí se moriría y lo haría al lado de los chicos, y así recordar su feliz infancia pues aunque la separaron de su mamá, siempre tuvo amor, el amor de los pequeños humanos.

Ella no haría lo que los demás, aunque entendía que los jóvenes se dejaran llevar por el instinto de supervivencia y se alimentaran con aquéllo que encontraran. Ella no pudo evitar que comieran al joven caído. No habría servido de nada enfrentarse a los compañeros de penurias.
Cuando llegó el segundo ya todos estaban enloquecidos y sólo querían mitigar su dolor, dolor producido por la falta de alimento, por la falta de libertad, por las heridas causadas al intentar soltarse.

Fue en ese momento cuando decidió alejarse y esperar su final.

Ahora al cabo de los días otros jóvenes volvía a estar a merced de los que consiguieran soltarse, motivo por el que había intentado avisar a la pequeña humana, la había instigado para que se volviera y no se acercara al peligro.

Se imaginaba que habría más, pues ella sabía que los humanos siempre iban acompañados, así que la siguió para ver si estaban todos lejos y cuidarlos en lo posible de sus fuerzas.

Cuando los jóvenes se metieron en su casa, ella más muerta que viva se acercó y sólo esperaba morir cerca de ellos y al calor de lo que quedaba de la hoguera.

En éso estaba, esperando la muerte cuando algo tropezó con ella y le cayó encima.

Era una de las chicas. Se asustó tanto que no pudo ni gritar. Mejor así, pues los demás estaban bastante cerca y la hubieran oído. Estaba pensando qué hacer para evitarles un final como el de los otros. Mientras, se acurrucó cerca de la muchacha desvanecida para darle calor.

Las fuerzas estaban abandonándola. Tenía que pensar de prisa, tenía que conseguir que se fueran antes de que los otros los encontraran.

La muchacha estaba caída a su lado, le daba calor y sus viejos y descarnados huesos lo agradecían.

- Es ésta una buena forma de morir. Creo que pensaré en la forma de avisarlos y me dejaré ir.

20 comentarios:

Noche dijo...

Caray, Diana...cuenta, cuenta.-..quiero seguir leyendo la historia..

Céfiro dijo...

Jo, que triste... ni siquiera me preocupan los campistas. Pobres animalitos.

Salud.

josé javier dijo...

Tienes el don de enganchar desde las primeras letras, querida amiga... y el "malage" de ¡no terminar las historias!
Un besito. J.J.

¿Sabes? tus palabras han sido la gota que me ha hecho decidir publicar CÉFIRO DEL OESTE. Gracias.

Diana dijo...

Hola.
--Noche Hermosa, de veras quieres más?
Vaya, leíste los dos anteriores?
Espero que sí y que te hayan gustado.

--Céfiro, sabes que algunos mal llamados deportistas-cazadores abandonan a sus perros cuando no les sirven para la caza?
Claro que de éso no tienen la culpa ni los cuatro amigos ni los dos anteriores.

--J.J. Con el corazón te digo que adelante, que ni lo dudes y, por supuesto acuérdate de ésta tu amiguiña para que pueda tener uno es su mesilla.

Un biquiño a todos desde Coruña.
Diana

Sara dijo...

Dios mio Diana...quien iba a esperar esto, eres...esta historia es...me encanta...nunca jamás imagine esto...si ya decía yo que los animales no hacian nada por nada, sino que "el hombre" siempre está en medio de estas maldades. Y ahora me vuelves a dejar con esta sensación de QUIERO MÁSSSSSSSSSSS, no tardes mucho mi galleguiña amiga.

Un abrazote

La terapia de Rafaela dijo...

Vaya tensión... uyyyy he tenido miedo, cierto es que soy muy "susceptible"

besitos, (menos mal que lo leo por la tarde) sino seguro sueño jejej

Fernanda dijo...

Querida Diana:
"De acampada" y "La excursión" están entre mis favoritos de tus cuentos. Me encantó ésta continuación: fabulosa!!!
Alguna vez te he dicho que tu estilo me recuerda mucho al genial Manuel Mujica Lainez a quien admiro profundamente al igual que a ti. Tienes un verdadero don.
Gracias por compartir tu magia con nosotros.
Dios te bendiga

FERNANDA

PEDRO DELGADO dijo...

Continuará...

Esperamos impacientes.

Saludos flamencos

Diana dijo...

Hola
--Sariña, claro que el hombre está por medio de todas las maldades.
Las mujeres estamos en la mitad, las demás son de ellos.

--Rafaela mejor espera al próximo para soñar, vale?
Verás que sí querrás soñar.

--Fernanda, menos mal que sé que e s el cariño lo que te hace hablar así. Eres tremenda. Te mando un besote grandote.

--Padriño, continuará????
Tla vez.
A todos muchas gracias por pasearos por el blog.
De veras que muchas gracias.
Un biquiño desde Coruña
Diana

Pablo dijo...

Muy bueno, me encanta.
Es una continuación estupenda, y espero que la historia siga.
Un beso.

mariajesusparadela dijo...

El otro día intenté hacerte un comentario y no hubo manera, porque no aparecía la posibilidad. Va hoy:
Paisana, como te esmeras...

Noche dijo...

Por supuesto querida amiga...es agradable leerte, siempre procuro dejarte mi huellita para que sepas de mis visitas...

Por cierto aun tienes pendiente un encargo en mi blog...pasate a leerle.

Un abrazo.

El Diablo Des. dijo...

Hola, he pasado de nuevo y quiero decir que también considero que es una buena continuación. Da gusto leerte.

Salud.

Diancecht dijo...

No se te ocurra quejarte cuando estés viendo la tele y te dejen una serie a la mitad con un "En el pròximo episodio ..."

Diana dijo...

Hola
--Pablo, ya sabes: gracias.

--Mariajesús, me alegra que nos encontráramos. Yo también te he visitado.

--Noche, ya vi tu regalo, graciñas.Por la tarde pasaré.

-Diablo me alegra que te guste. Ya pasé por tu blog y te conté.
Por fa, sigue pasando por aquí, es agradable que lo hagas.

--Dian, prometo tener siempre palomitas para ver "en el próximo episodio" y prometo no protestar ( prometer...lo prometo.

Un biquiño para todos.
Diana

La terapia de Rafaela dijo...

Pasate por mi blog... tienes algo para ti bss

Voroperez dijo...

Hola Diana,
te has inspirado en alguna situación real o es un bello relato como los que no tienes acostumbrados?
Por desgracia en el mundo real se viven situaciones asi demasiado a menudo.
Me quedo impanciente por el siguiente envio.
Un beso

verdial dijo...

Ese sentimiento tan profundo del animal me ha hecho llorar. Cuantos humanos carecen de él. Yo adoro a los animales, es más, creo que si pensaran lo harían como la perra de tu cuento. Tienen un alma noble y agradecida. Me he emocionado mucho.
Desde luego me quedo con las ganas de saber en que queda la historia de los chavales, y que pasa con los perros que se han escapado.

Un abrazo

Diana dijo...

Hola
--Amigo Voro, la verdad es que no está inspirada en nada que yo haya podido vivir. De hecho he acampado muchas veces y en lugares bastantes alejados de la a veces mal llamada civilización, pero nunca me ha pasado ningún percance.

--Verdial, sabes?, yo tuve dos Pastoras belgas y una de ellas era epiléptica, pues bien, cuando tenía una crisis, la otra me venía a buscar y me ladraba. Yo iba en busca de Rak( así se llamaba) y Neska me guiaba.
El comportamiento de la vieja perra es más habitual de lo que nos imaginamos. La pena es que los humanos no actúamos con ellos, con lo animales, con tanta bondad.
Un biquiño para tí y otro para el amiguiño Voro, que es genial.
Diana

Anónimo dijo...

hola soy teresa,un saludo.Gracias por tu regaLO!

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